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Y Zapatero finalmente nos abandonó

jueves 07 de abril de 2011, 17:04h
Aunque nadie, hasta ahora, ha tenido a bien reconocer que dí la primicia, les debo recordar que ha sido quien firma este artículo quien hace varias semanas les adelantó que Zapatero nos abandonaba. Y así lo ha confirmado el interfecto en una nubosa mañana de primavera. Nos deja sumidos en la melancolía, pero, lo que es peor, huérfanos y ayunos de referentes. Al menos a los ciudadanos porque sus correligionarios se pusieron de pie y aplaudieron como locos su discurso, transmitiendo aparentemente su enorme satisfacción por la noticia. Si se fijaron, no transmitieron sus caras ante la comunicación de la noticia galáctica, sino que se mantuvieron impávidos, como si no fuera con ellos.

Se retira Zapatero. No volverá a ser candidato, como con su naturalidad ha confesado (laicamente, por supuesto) porque es partidario de no sobrepasar los dos mandatos en el poder (¡qué extraña coincidencia con Aznar!) y porque se lo debe a su familia. Una vez más nos ha conmovido. Nadie como él para emocionarnos con su sinceridad. Es un político de los que no hay, que se va no por la crisis económica, no porque los suyos le quieran echar, a empujones, no porque en su partido teman el batacazo si encabeza de nuevo la marca. No. Zapatero nos abandona aplicando una regla de salud democrática, de limitación de mandatos, con el fin de evitar la perpetuación en el poder. Zapatero ha pensado en nosotros, y lo ha hecho porque nos quiere y no desea permanecer más de la cuenta aunque siente día adía nuestro afecto. Pero ha pensado también en su familia, como hacen diariamente todos los que se dedican a la política que no tienen en la cabeza más que a los suyos tan cercanos.

Nos costará mucho asimilar su marcha, aunque –dado que va a agotar la legislatura- nos queda casi un año para disfrutar de su compañía, de sus proclamas, de sus ideas, de sus proyectos y de sus realidades. Su sonrisa, su porte elegante, sus cejas, sus manos al viento... nos han acompañado durante siete años que han transcurrido en un santiamén. ¡Parece que fue ayer!. No es todavía momento para el llanto ni para el recuerdo aunque algún malévolo se ha preguntado ya cómo se ganará la vida al cesar pues, asegura (el malévolo), que no le ve como conferenciante ni como estratega de la política internacional.

Todavía, en fin, está por ver lo mejor del mejor Zapatero. Ya habrá tiempo de valorar su obra hercúlea. Por el momento nos contentaremos con este último año que nos regala, aunque he de confesarles que su última medida es aparentemente reveladora de un rasgo hasta ahora desconocido de su carácter: la envidia. Les cuento. Las 18 compañías mas importantes de España, reunidas al margen de la CEOE, constituyeron el llamado “Consejo Empresarial de la Competitividad”. Zapatero no tenía un organismo que se denominara igual o parecido en su Superadministración y, claro, no podía permitirse semejante laguna. Ni corto ni perezoso ha propuesto al Consejo de Ministros la creación de la Comisión Asesora de la Competitividad, que ha invitado a presidir a una joven promesa, Miguel Boyer. Como dice mi tía Rita, entre la economía sostenible, la economía social, la estabilidad presupuestaria, la competitividad, y demás, me hago un lío... o se lo hace el Gobierno.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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