Error del PP en Valencia
domingo 10 de abril de 2011, 09:49h
Las perspectivas electorales del PP para los próximos comicios municipales y autonómicos son buenas, y mejores aún si se celebrasen hoy elecciones generales. De ahí que no se entienda bien el que en las listas autonómicas de Valencia Camps haya logrado colar a 9 imputados -él mismo es uno de ellos-, sin que Génova haya puesto coto a tamaño despropósito. Es de sobra conocido que en el seno del propio PP no a todos gusta cómo se están llevando las cosas en su filial valenciana. A nivel autonómico, eso sí; conviene diferenciar la gestión de Rita Barberá la frente del consistorio del Turia, por lo demás impoluta, que la de Camps, con sus trajes y demás incidentes impresentables. Parece que en el Partido Popular no terminan de entender que cada sistema político tiene su estética y su ética: la de un régimen aristocrático está en el honor; pero un sistema democrático exige la austeridad y la probidad como característica del decoro republicano.
Estas elecciones podrían ser el disparadero electoral del PP. Y fuera del ámbito puramente electoral, todo lo que está pasando estos días en la acera socialista -caso “Faisán”, los ERE y las andanzas de la familia Chaves, crisis aparte- pone a disposición de los populares un amplio abanico de posibilidades a la hora de hacer oposición. Oposición que pierde fuelle si quien ha de llevarla a cabo tiene la viga en el ojo propio. Y lo de Valencia es un borrón considerable. No sólo por la imagen del PP como partido, sino por el liderazgo de Rajoy, con pies de barro cada vez que le toca significarse y tomar decisiones difíciles. De momento ni ha hecho ni ha dicho nada. Y quien calla, otorga.
Sería demagógico juzgar a los políticos por casos muy puntuales de corrupción. Pero es evidente que la falta de reacción de los dirigentes frente a estos casos invita a la generalización abusiva en el razonamiento. Entre los desafueros cometidos por unos y otros, los políticos profesionales no pueden extrañarse que los ciudadanos piensen que los políticos son más el problema que la solución. Una conclusión que no ayuda a la democracia.