Economía Social de Mercado
sábado 16 de abril de 2011, 17:59h
Después de la desintegración, básicamente por ineficiente, del sistema colectivista de los países del llamado “socialismo real”, el debate económico contemporáneo, entre los sectores pensantes del mundo avanzado, no está entre el capitalismo salvaje y el socialismo de economía centralmente planificada, sino en el tipo más conveniente de economía de mercado. La simple comparación entre Alemania Occidental y Alemania comunista y entre Corea del Sur y Corea del Norte, parejas de Estados que, en 1945, estaban en las mismas condiciones socioeconómicas y culturales, debería hacer entender a cualquier “alfabeto”, que no padezca de ceguera ideológica, que todos los países que han alcanzado los más altos niveles de desarrollo económico y social son economías de mercado. Efectivamente, el colectivismo socialista al quitarle a la persona humana su libertad, creatividad y productividad conduce al fracaso.
Al respecto, nos decía el intelectual y estadista polaco Bronislaw Geremek: “el socialismo no sólo no creó riqueza, sino ni siquiera distribuyó con justicia la pobreza”. Actualmente, Estados Unidos , Europa Occidental, Rusia y China son economías de mercado, aunque algunos en América Latina, todavía no se han enterado, quizás por eso el gran Octavio Paz decía que “el latinoamericano es un ser que ha vivido en los suburbios de Occidente y que además “ tiene un retraso de 30 años en la reflexión socioeconómica y política”. Entre los diversos modelos de economía de mercado, creemos que la Economía Social de Mercado, (ESM) , la “sozialmarktwirtshaft” alemana , diseñada, entre otros, por el demócrata cristiano Ludwig Erhard, padre del llamado “milagro económico alemán” de la II Posguerra, es el modelo que combina mejor la libertad, la justicia social y la eficiencia. La ESM es un orden económico basado en la competencia, la productividad, el crecimiento sostenible y la libertad, sin dejar a un lado la solidaridad, la equidad, la conservación del medio ambiente para las generaciones futuras y la paz social. La ESM es un programa político de ordenamiento que, basado en la competencia, combina la libre iniciativa con el progreso social, garantizado por el eficiente desempeño de la economía de mercado. La ESM no abandona a su suerte, como lo hace el capitalismo salvaje al individuo débil, incapaz de competir y sobrevivir en el frío y cruel mercado.
Un análisis detallado de la ESM escaparía a la economía de estas breves líneas, sin embargo mencionaré sintéticamente algunos de los elementos sustanciales de la misma:
1) Libertad de decisión individual para empresarios, trabajadores y consumidores.
2) El mecanismo de precios y la libre competencia (por eso la importancia de las leyes antimonopolio) como los instrumentos fundamentales para coordinar y dirigir los planes y preferencias individuales.
3) Libre formación de los precios en el mercado, sin intervención del Estado.
4) Propiedad privada sobre los bienes de consumo e inversión, como condición necesaria para la motivación individual, pero también para asumir la responsabilidad por decisiones equivocadas.
5) Una relación equilibrada entre la eficiencia económica del mercado y la seguridad social organizada por el Estado.
6) La política de ordenamiento del Estado establece el marco general para el accionar de los individuos y empresas y está dirigida al bien común de la sociedad.
7) El principio de subsidiaridad, por el cual las decisiones le corresponden sólo al nivel inmediato superior, cuando el nivel inferior no está en condiciones de solucionar satisfactoriamente los problemas existentes. Con respecto a la persona, esto significa, como lo señala la encíclica Quadragesimo Anno ( 1931), que “ la comunidad no debe quitarle o hacerse cargo de aquello que el individuo es capaz de realizar por su propia iniciativa y sus propias fuerzas”.
La ESM ha sido el modelo seleccionado, con sus variantes locales, por los países más exitosos de Europa Occidental y se ha caracterizado por lograr un alto nivel de empleo, la estabilidad de precios, el equilibrio del comercio externo, un crecimiento sostenido y constante y una protección adecuada del medio ambiente.
En el largo y difícil camino hacia el desarrollo se necesitan dirigentes adecuados que implementen, con honestidad y eficiencia, políticas públicas probadas y sensatas. La Economía Social de Mercado podría convertirse en el modelo de desarrollo para una Venezuela unida e incluyente.