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La confianza se gana con realidades

jueves 21 de abril de 2011, 09:32h
Que no culpando a los mensajeros, protestando por declaraciones o lamentando imágenes. Este Gobierno ha hecho una carrera jugando a la virtualidad, el teatro y las imágenes. Cuando la implacable realidad ha empezado a cobrar su parte a…todos y no sólo al señor Zapatero, el Gobierno ha entrado en una progresiva paranoia, acusando de conspiradores a todos aquellos que, fuera o dentro de España, retratan lo ocurrido.

El hecho, es que los mercados han vuelto a mostrar su temor ante la deuda española, cuando todo parecía encaminado. En cinco subastas consecutivas, el Tesoro español había logrado colocar sucesivas emisiones de la deuda soberana con una demanda creciente y con un coste financiero para el Estado a la baja. Pero se han producido al menos dos eventos que han hecho temblar a los inversores. Por un lado los rumores, no totalmente infundados, de que Grecia podía estar estudiando un anuncio de reestructuración de su deuda (es decir, de un impago ordenado), para el año que viene. Por otro, los cambios políticos en Finlandia han hecho temer que el plan de rescate de Portugal se podría retrasar o que incluso podría llegar el veto a un eventual rescate español. En consecuencia, los títulos a 18 meses sólo se han podido colocar ofreciendo un interés un 38 por ciento superior, y los de un año un 30 por ciento mayor. El diferencial del bono español sobre el alemán saltó de los 170 puntos a superar los 220, aunque en los últimos cambios esa diferencia se ha aminorado.

En el Gobierno, los gestos de alivio desaparecieron como por ensalmo y en el rostro de la ministra de Economía se ha vuelto a ver la tensión por la difícil situación del fisco español. No sólo eso. Elena Salgado, al observar atónita e impotente, el desfavorable giro de los acontecimientos, se ha apresurado a buscar a los responsables, siempre fuera de su propio Gobierno. Salgado culpa al ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, por hacer mención de una eventual reestructuración de la deuda helena. Esta reacción es muy notable. La culpa de las reacciones del mercado no están en la realidad, sino en que alguien haga mención de ella. Salgado parece haber sido conquistada por la teoría teatral del Presidente, según la cual no hay una realidad económica real, sino sólo una percepción de la misma, y que insuflando optimismo o limitando las informaciones y comentarios negativos se puede salir de la crisis. Es la misma teoría que le llevó a Rodríguez Zapatero a negar la realidad de la crisis y que tan terribles consecuencias nos ha causado.

Puestos a prestar atención a las palabras, Elena Salgado debiera haber prestado atención a las sorprendentes declaraciones del señor Zapatero, pronunciadas desde China, en el sentido de que el Gobierno no va a hacer más recortes. A ellas sí hay que prestarles atención porque se refieren a la acción del Gobierno, del cual depende la credibilidad de nuestras obligaciones. Y son sorprendentes en primer lugar porque seguramente son falsas. Zapatero había declarado poco antes en el último Consejo Europeo que impondría un límite de gasto en función de la evolución del PIB a medio plazo. Y no puede descartar de antemano que, como Portugal y Grecia, se vea obligado a aprobar sucesivos planes de recortes. Y, en segundo lugar son chocantes porque por el foro donde se produjeron, esas palabras no estaban llamadas a producir los efectos políticos positivos que cabría esperar que deseara el Presidente. Y, por el contrario, sí que son tomadas en cuenta por los inversores internacionales. Eso es política real y a ello sí que podría haberse referido la ministra Salgado.

Por si no fuera poco todo ello, la propia señora Salgado está implicada en un espectáculo que sí genera desconfianza. La titular de la cartera de Economía y el de Industria, Elena Salgado y Miguel Sebastián, son protagonistas de una lamentable refriega por colocar al frente de la Comisión Nacional de la Energía y en la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones a dos personas de su confianza: en el primer caso, pagando peaje al PNV; en el segundo, nada menos que intentando imponer al que hasta ayer era su propio Secretario de Estado de telecomunicaciones. No puede ser más obsceno y disfuncional, en la medida que atenta contra la credibilidad e imparcialidad de la Administración española. Los órganos reguladores deberían estar regidos por personas de probada calidad profesional y moral e independencia acreditada, y que no estén contaminados por la política. Lo que vemos es exactamente lo contrario, hombres no sólo de partido, sino de distintas facciones para regir instituciones con tanto poder como la CNE. Recordemos el lamentabilísimo papel que jugó esta institución en el asalto a Endesa, que valió nada menos que la reprimenda de la Unión Europea. Con estas luchas por ocupar las instituciones del mercado sí se socava la confianza en nuestra economía, con gran coste para todos.
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