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¿Por qué España ya no tiene peso?

Enrique Montánchez
viernes 28 de marzo de 2008, 00:26h
La decisión norteamericana de instalar en Marruecos el cuartel general de sus fuerzas en el continente africano representa una fotografía en alta definición de cómo, en la última década, se ha desplazado el centro de gravedad geoestratégico desde España a Marruecos. Y su consecuencia más inmediata: la pérdida del peso español, tanto político como militar, en el gran tablero mundial.


Durante la Guerra Fría la península Ibérica se convirtió en la retaguardia del continente europeo. Los planes secretos aliados preveían convertir al territorio español en un enorme depósito de material de guerra y de soldados que habrían de llegar desde Estados Unidos en caso de enfrentamiento entre el Pacto de Varsovia y la OTAN en Centroeuropa. Incluso, se construyeron las primeras autopistas con el objetivo de agilizar los transportes militares estadounidenses desde puertos gallegos a bases aéreas en el interior peninsular.


Las cuatro bases americanas y una decena de instalaciones de comunicaciones y espionaje electrónico repartidas por todo el territorio contribuyeron a mantener engrasado tan colosal despliegue, que se completaba con, en sus años famoso, “Eje Baleares-Estrecho-Canarias”, espacio geoestratégico frecuentado por la flota de submarinos nucleares soviéticos que salían a patrullar el Oceáno Atlántico. La URSS estaba todavía en pie y España era una pieza insustituible. De ahí, los esfuerzos de Washington por tutelar la Transición española y dejar fuera de la escena política al entonces influyente Partido Comunista de España.


Hoy, en la primera década del siglo XXI, los intereses han cambiado sustancialmente y España ya no está sometida, felizmente, a la servidumbre de ceder su territorio a Estados Unidos. Somos un miembro más de la OTAN, la mayor alianza militar del mundo. Ahora, los intereses de las grandes potencias se mueven en torno al control de los recursos energéticos del planeta. La batalla del petróleo, del gas y de minerales apreciados por su escasez. Y es al continente africano donde se ha desplazado el centro de gravedad Occidental, de igual manera que el Golfo Pérsico, Irán, Asia Central y Siberia constituyen el centro de gravedad Oriental.


Para una Administación norteamericana militarizada y condicionada por el fenómeno todavía no bien investigado del “terrorismo internacional”, España ya no cuenta. La instalación del Mando de África al sur de Marruecos, cerca de la antigua colonia del Sahara Occidental, es prueba evidente del valor que ha cobrado para el Pentágono el Reino de Mohamed VI: junto a los inmensos yacimientos -aún vírgenes- de petróleo, gas, fosfatos y minerales del Sahara y el corredor del Sahel, y a pocas horas del Golfo de Guinea, las cuartas reservas petrolíferas del planeta.


La lectura política de la pérdida del peso estratégico de España no debe interpretarse, fruto de un análisis superficial, como un hecho que nos beneficia en aras de la estabilidad y la paz mundiales. Prisionero de su antiamericanismo, Rodríguez Zapatero ha tratado de mitigar esta falta de relevancia, alineándose con la política exterior francesa sin contar con que Francia tiene sus propios intereses, y no precisamente coincidentes con los españoles.


Sin peso y alejados del principal centro de poder mundial, es paradójico ver cómo crece la percepción entre los servicios de Inteligencia europeos -sobre todo después del protagonismo de Estados Unidos en la independencia de Kosovo- de que el Imperio americano, ante una Europa con el euro cada vez más fuerte frente al dólar, no ayude a frenar los proyectos políticos que promueven el independentismo y la división de Estados en el viejo continente.

Enrique Montánchez

Periodista

ENRIQUE MONTÁNCHEZ Subdirector de EL IMPARCIAL

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