AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL
Los "tres grandes" redivivos
domingo 24 de abril de 2011, 15:34h
No hace más de un par de semanas, los presidentes de Estados Unidos y Francia, y el primer ministro de Gran Bretaña, han dado a luz una carta abierta a la Humanidad titulada “El sendero de Libia hacia la paz”.
Las considerables transformaciones internas que se están produciendo en numerosas sociedades nacionales a lo largo de los cinco continentes de nuestro planeta, han desencadenado un efecto de gran descontento en el norte de África y en el mundo árabe en particular. Este dilatado seísmo, que se inició hace cuatro meses en Túnez y Egipto, fue zarandeando a otros países del ámbito musulmán - Yemen, Siria, Bahrein, por ejemplo- con manifestaciones de confrontación entre los gobiernos y la oposición popular a los regímenes políticos in situ.
Como todo el monte no siempre es orégano, la erupción de una fitna o disidencia violenta entre las tropas y ciudadanos leales a Muhammar Gaddafi y los focos insurrectos del este de Libia ha terminado por abrasar al litoral de este país.
El hecho de que se haya desencadenado, lo que los medios de comunicación euro-americanos denominan “guerra civil”, ha venido a romper las expectativas occidentales de coadyuvar a una transformación política de las sociedades árabe- islámicas sin prisa, pero sin pausa; corriendo, eso sí, el riesgo de incurrir en ciertos costes con cargo a la cuenta del precario equilibrio de los intereses internacionales concentrados en las zonas de El Golfo, Mesopotamia y, en menor medida, el Magreb.
Como en Libia vino a romperse el Control sobre el necesario replanteamiento geopolítico del Gran Oriente Medio (como prefieren escribir los miembros de los Think-Tanks anglosajones), Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y otros miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, terminaron por obtener una resolución (Nº 1973) para detener los estragos que los leales al coronel Gaddafi han venido ocasionando, sin misericordia, a los partidarios de la rebelión a bordo.
De aquí que los “TRES GRANDES”, como se solía reconocer a las potencias predominantes en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial (USA, URSS, Reino Unido e Imperio), se hayan lanzado a detener al avieso Coronel tripolitano en su contraofensiva bélica.
Queriendo evitar una invasión terrestre conducente a la derrota militar de Gaddafi, los “ TRES GRANDES” han elegido una serie de tácticas (aéreas y de bloqueo de activos financieros libios circulantes por los entresijos globales de la economía ficticia) para conducir a buen fin la motivación humanitaria que legalizó Naciones Unidas en su momento.
Está claro, sin embargo, que como escribíamos antes no todo el monte es orégano. O sea, que el presidente Obama está inmerso de hoz y coz en una ardua campaña preelectoral, luchando contra viento ( complejo tecno-militar ) y marea ( redes financieras globales) ; y que, no obstante la reedición de una Francia africanista decidida a intervenir con contundencia tanto en Libia como en Costa de Marfil -secundada por la exhausta Gran Bretaña-, está poco claro en el horizonte inmediato, cómo acabará el embrollo libio, pronto si es posible y desde luego con el apoyo de la OTAN.
Por estas razones de fondo, los TRES GRANDES han vuelto a hacer acto de presencia en las páginas de rotativos, de prensa electrónica y en la Red misma. Los TRES GRANDES están redivivos para, en nombre de la Humanidad, trazarle a Libia cual es el sedero que conduce a la paz. En la travesía de los aliados, la Alemania de Angela Merkel ha optado por un perfil bajo, mientras que algunos ministros de exteriores como el italiano Frattini y la española Chacón se limitan a hacer meros gestos simbólicos que traducen los cálculos electoralistas de estas dos viejas naciones latinas, bastante castigadas a su vez por la crisis de marras.
Además, ¿quien puede arriesgarse a proporcionar argumentos de jaez anticolonialista en una coyuntura tan delicada como la que atraviesa el Gran Oriente Medio desde hace meses, años y decenios? Queda, por tanto, mucho mejor dejar constancia epistolar del carácter humanitario con que ahora se reviste la campaña de guerra contra un dictador norteafricano avieso desde siempre, pero que se acaba de detectar finalmente en los arenales del desierto libio.