Atentado en Marraquech
Marruecos, en estado de shock
viernes 29 de abril de 2011, 14:45h
El atentado cometido este jueves en Marraquech ha dejado el país de Mohamed VI en estado traumático y lo único claro es que los sectores más conservadores querrán aprovechar para frenar el entusiasmo suscitado por las reformas anunciadas por el rey.
El atentado cometido este jueves en Marraquech, en la céntrica plaza Yamaa el Fna, lugar de visita obligado para los centenares de miles de turistas que visitan cada año la capital almorávide – entre ellos más de 250 mil españoles – ha dejado el país de Mohamed VI en estado traumático. En espera de los resultados de la investigación, lo único claro es que los sectores más conservadores del Majzen querrán aprovechar el acto criminal para frenar el entusiasmo suscitado por las reformas anunciadas por el rey.
El acto terrorista plantea dos cuestiones distintas aunque vinculadas: la de su autoría y la de su utilización política. Por el momento no hay ninguna prueba de que el autor del atentado, un presunto camicace que se inmolo en la terraza del café Argana provocando el derrumbe del inmueble, pertenezca a ningún grupo organizado, ni islamista, ni yihadista, ni de la delincuencia organizada. Tampoco se han divulgado pruebas de que haya actuado en complicidad con otras personas.
En los momentos actuales, tras el anuncio hecho por el monarca de una revisión de la Constitución tendiente a democratizar las instituciones y dar mayores poderes a los órganos ejecutivo, legislativo y judicial, los grupos del extremismo islámico habían adoptado un perfil bajo. El rey incluso liberó hace muy poco a 14 miembros de la salafiya yihadia, entre ellos el imam Mohamed el Fizazi, considerado el ideólogo principal de la nebulosa radical que purgaba pena de cárcel en Tanger. Antes de su excarcelación, los miembros del grupo salafista habían hecho llegar al exterior de la prisión un manifiesto firmado por todos ellos, en el que se comprometían a defender la monarquía y la estabilidad de Marruecos.
Sin embargo desde hace varios años los servicios de seguridad detienen periódicamente grupos de individuos a los que atribuyen intenciones terroristas y vínculos con la organización de Al Qaeda del Magreb Islámico. Uno de estos grupos integrado por 46 personas y desarticulado en abril de 2010, acaba de ser sentenciado por la Corte criminal encargada de asuntos del terrorismo dependiente del tribunal de Sale, con condenas de hasta 20 años de prisión para 4 de sus organizadores y penas menores para el resto. A todos se les acusaba de “constitución de banda criminal para planificar actos terroristas en el marco de un proyecto tendiente a perturbar gravemente el orden público, intento de asesinato con premeditación, robo y pertenencia a un grupo religioso prohibido”.
No se descarta tampoco la pertenencia directa o la manipulación del camicace por algún grupo de la delincuencia organizada a los que el Estado marroquí ha golpeado últimamente: narcotraficantes o mafias de la inmigración ilegal. Pero por el momento no hay indicios firmes sobre quien ha cometido el atentado.
Lo que sí parece cada vez más evidente es que el mismo va a ser utilizado por los sectores más conservadores del reino alauita para justificar un frenazo a la apertura auspiciada por Mohamed VI y tendiente a la democratización de las instituciones. El acto criminal va a servir de alibi a quienes en el aparato de la seguridad no han dudado en permitir que la CIA actuase en las prisiones marroquíes y que los verdugos y torturadores oficiales se encarnizasen con los varios miles de “simpatizantes islamistas” arrestados en Marruecos desde los atentados de Casablanca en 2003 y sometidos a toda clase de vejaciones y torturas físicas. Escudándose en el atentado de Marraquech querrán silenciar las organizaciones de derechos humanos marroquíes que han denunciado los malos tratos y las condiciones inhumanas en las cárceles, así como la brutalidad de las intervenciones policiales contra los manifestantes del “movimiento 20 de febrero” en diferentes ciudades del país y anteriormente contra los saharauis del “campamento de la dignidad” en Gdeim Izik cerca de Laayun, en el Sahara Occidental.
“Esta catástrofe va a ser utilizada por los medios conservadores y los halcones partidarios de la represión a ultranza, que son muy numerosos en Marruecos”, sentencia Karim Bujari responsable del semanario Tel Quel. Opinión similar a la del periodista Ali Lmrabet que en su portal Demain Online considera que “ahora el régimen podrá tranquilamente rechazar o atenuar en nombre de la sempiterna lucha contra el terrorismo las aperturas prometidas. Gracias a esta acto criminal, la autocracia alauita podrá ganar tiempo, y seguir manteniéndonos amordazados”.
En lo que todos están de acuerdo es que el golpe para la economía y la imagen de Marruecos ha sido mortal.