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el pintor expone sus trabajos en madrid antes de presentarlos en Nueva York

Cristóbal Toral: "Pintar acuarelas es como un potro salvaje que hay que domar"

viernes 29 de abril de 2011, 16:40h
Después de décadas inmerso en pintar al óleo, Cristóbal Toral afronta a los 70 años el resto de pintar acuarela, una técnica exigente de la que ha salido airoso. Da cuenta de ello la exposición que organiza la Galería Juan Gris de Madrid, en la que Toral exhibe hasta el 11 de junio una veintena de estos trabajos, en los que no faltan sus famosas maletas amontonadas, símbolo de su obra.
Pintar acuarelas ha sido para usted todo un hallazgo. Ha dicho que ha sido un reto que le ha deparado sorpresas.
Sí, la muestra que presento en Madrid supone una novedad en mi trayectoria, así como en el panorama expositivo, en el que priman los óleos, acrílicos y algo de escultura. He tratado de pintar unas acuarelas con una visión moderna y conceptual, algo que es arriesgado. He encontrado dificultades porque esta técnica es muy complicada, ya que hay que saber dominarla. Suelo decir que es como un potro salvaje que hay que domar.

Cambia el soporte, pero siguen presentes los desnudos, los bodegones y sus famosas maletas…
Así es, el artista es el mismo. Creo que supone una evolución y enriquecimiento en mi trayectoria. Los grandes artistas son aquellos que son capaces de pintar igual de bien un óleo que un acrílico e, incluso, esculpir una escultura.

Me recuerda lo que dice a Miguel Ángel, un escultor convencido que pintó, sin embargo, magistralmente.
Es un gran ejemplo de lo que hablo. Miguel Ángel fue un escultor que resolvió maravillosamente bien una pintura como la que cubre las paredes de la Capilla Sixtina. Cabe preguntarse por cómo lo logró. La respuesta está en su capacidad para dominar el dibujo. Cuando el artista dibuja bien, puede ser capaz de dominarlo todo. Es una de las carencias de muchos artistas modernos, que no saben dibujar y lo que tienen son ocurrencias, como Damien Hirst.

¿Es importante experimentar?
Sí, porque al hacerlo se enriquece la obra. No hay que estancarse. Lo que ocurre en arte es que cuanto menos se viva de las rentas, mejor. Hay que afrontar retos nuevos desde el punto de vista técnico y estilístico.

Cristóbal Toral trabaja en sus acuarelas en uno de sus estudios


Hay quien en vez de experimentar, polemiza…
Una cosa es experimentar con profundidad, conocimiento y oficio, y otra son las ocurrencias, que sí se suelen escapar de control.

Dicen de usted que es un pintor del realismo mágico, el mismo nombre que recibió la corriente literaria del boom latinoamericano. ¿Qué relación hay?
En todas las épocas, siempre hay un paralelismo de búsquedas, intenciones y resultados en la pintura y en la literatura. El escritor parte de la realidad para crear, lo mismo que el pintor. Tanto uno como otro deben ser notarios de su época. Siempre digo que hay que partir de la realidad, pero transformarla en algo mágico y etéreo porque, de no hacerlo, la realidad sería fría y fotográfica.

Comparte con otros artistas y escritores la pasión por Nueva York. ¿Qué tiene para que le atraiga tanto?
Me fascina. En Nueva York estuve en los años 70 con una beca. Alcancé mucho éxito allí, por lo que guardo un recuerdo muy grato. Además, es una ciudad muy atractiva para los artistas por su oferta cultural.


¿Es también de esos artistas y escritores que deben mucho de su éxito a sus mujeres?
Sí, mi caso puede corroborar que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Mi esposa ha sido mi modelo, quien ha posado para mí siempre. Ha sido un apoyo extraordinario. Su presencia me aporta una estabilidad muy importante, fundamental para mi proceso creativo.

Su obra está repartida por medio mundo. ¿Es uno de los mayores reconocimientos a los que un artista puede aspirar?
Es muy importante. Verse reconocido fuera del país en el que se vive es fundamental. El arte es universal y cuanta mayor proyección se tenga, mejor. Es algo que me estimula y me hace saber que lo que hago se valora.

El Thyssen organiza en junio una exposición de la obra de Antonio López. ¿Sorprende que un museo de ese calibre dedique una muestra a un artista vivo?
A lo largo de la Historia del Arte, muchos artistas han recibido el reconocimiento que se merecían cuando ya habían muerto. Fue el caso de Van Gogh. Puede ocurrir que haya artistas que se pongan de moda, pero que poco después desaparezcan y, al contrario, que no tengan esa proyección en vida y que, una vez muertos, sea engrandecida su figura. Por suerte, hoy en día hay muchas instituciones y fundaciones que organizan exposiciones de artistas vivos, así que no es tan raro que ocurra.
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