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Encuentro privado entre reyes

Don Juan Carlos y Mohamed VI se confiesan

viernes 06 de mayo de 2011, 12:45h
En Marruecos los politólogos y analistas en estrategia otorgan una importancia capital a la visita de Don Juan Carlos. El reino alauita se encuentra en una fase crucial de su historia moderna. El rey Mohamed VI ha abierto la “caja de Pandora” o el melon de la reforma constitucional como se dice en España, sin que haya aun visibilidad sobre el resultado. El propósito del monarca marroquí es modernizar el país, sacarlo del atraso social y desarrollar su economía superando para ello estructuras arcaicas y fuertemente conservadoras existentes en la clase política y en la Administración del Estado. La intención de los miles de jóvenes que se vienen movilizando desde hace meses va mas lejos: es hacer la transición democrática, acabar con la corrupción, celebrar Elecciones limpias e implantar un Estado de derecho.

Mohamed VI espera de Don Juan Carlos que le trasmita su experiencia y le ayude a dotarse de su propia “hoja de ruta” en el proceso de cambios. Hassan II dejo claro a su hijo que podía confiar sin limites en el rey de España y aprender mucho de su “hermano”. Casi cuatro décadas pilotando la transición española y el desarrollo del Estado moderno actual, han permitido al Rey acumular una experiencia irremplazable. Mohamed VI posee la intención modernizadora, pero le falta la experiencia.

A diferencia de su padre Hassan II, el actual rey de Marruecos depende de otros a la hora de resolver qué decisiones tomar. Tiene todos los atributos del poder que le otorga la Constitución marroquí y los ejerce; pero en el momento de determinar qué hacer se ve obligado a acudir a sus consejeros, sus cortesanos o a la élite de sus súbditos. La ola de revueltas que sacude el mundo árabe y que ha llegado al Reino alauita le ha puesto ante una tesitura difícil, porque debe decidir qué cambiar, cómo y cuándo; debe darse plazos, fijarse objetivos y acompañar el proceso de cambios evitando el descarrilamiento. Don Juan Carlos ha vivido momentos de su vida similares, y se los trasmitirá a su anfitrión.

Otros jefes de Estado amigos de Marruecos, como Nicolas Sarkozy o Barack Obama, pueden aconsejar al ocupante del Trono marroquí qué hacer. Pero Mohamed VI también sabe que el Presidente francés o el americano lo harán pensando en sus intereses que ademas son efímeros. En pocos años habrá otros presidentes y es posible que otros intereses.

Con Don Juan Carlos la relación es diferente. Mohamed VI habla con él de tú a tú, entre reyes y con la confianza que da la historia común y la vecindad. En Marrakech se hablará de todo eso, del mundo árabe, del futuro de Marruecos, de Europa, de la Transición española, de los asuntos regionales que incluyen el Sáhara, Argelia y el Sahel. Pero también se evocará la posibilidad de un gran Acuerdo histórico entre los dos países, que incluya más campos que los que contempla el Tratado de Amistad y Cooperación firmado en 1991 entre Madrid y Rabat. Algo que enganche definitivamente el futuro de ambas naciones. Lo que una gran parte de la élite marroquí desea fervientemente.
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