www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

En campaña: la inteligencia pisoteada

Javier Zamora Bonilla
martes 10 de mayo de 2011, 13:23h
Hace falta que repensemos profundamente los modos de la política, posiblemente para confirmar que muchas cosas siguen teniendo vigencia y que no se otea en el horizonte otras nuevas con que sustituirlas, pero también para desechar todas aquellas que no funcionan o que estorban el funcionamiento de lo que marcha bien. Entre las que estorban el funcionamiento de la vida política, pienso que está la forma en que los líderes de los partidos manipulan el discurso del contrario hasta el punto de desvirtuarlo y falsificarlo completamente. Si uno creyera a pies juntillas a los portavoces de cada partido estaría convencido de que los líderes de derechas o de izquierdas, según el caso, son abyectos, despreciables, bobos, necios, imbéciles, vagos, malintencionados y hasta malvados.

A poco que uno contraste la información de lo que ha dicho un representante de un partido político y lo que, en el partido contrario, dicen que ha dicho, se da cuenta del abismo que separa ambos hechos, se da cuenta de la tergiversación constante que mueve la política. Es evidente que tal simplificación de los mensajes y tal manipulación intencionada busca captar adeptos entre ingenuos que creen en lo que dice su líder como en un dogma de fe, pero me gustaría pensar que los que adoptan esta actitud son los menos y que la inmensa mayoría de los ciudadanos está cansada de mensajes simplificadores y manipuladores. La mayoría del conjunto de los ciudadanos —eso que ahora se empeñan en llamar ciudadanía como si fuese un todo homogéneo— analiza las cuestiones políticas de forma más compleja y no necesariamente unidireccional.

He evitado hacer referencia expresa a los partidos españoles porque pienso que es un problema que va más allá de nuestras fronteras. Basta con echar un vistazo a la prensa internacional para darse cuenta, aunque en España está más acentuado y existen menos mecanismos de contrapeso. Por ejemplo, hace algunos meses escuché en un canal de la televisión púbica francesa a un diputado socialista una entrevista de más de media hora en horario de máxima audiencia en la que pedía la dimisión de la ministra de Asuntos Exteriores por haber aceptado que el ahora expresidente de Túnez le hubiese financiado un viaje de placer. La ministra, Michèle Alliot-Marie, como es sabido, dimitió finalmente. Conviene recordar que la televisión pública francesa la controla el Gobierno de Sarkozy, que no es socialista ¿Podríamos imaginar algo parecido con un diputado del PP en TVE hablando de los EREs en Andalucía o de un diputado del PSOE hablando en Canal Nou durante media hora del caso Gürtel?

Los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad en el clima crispado y de constante confrontación de la vida política porque realzan siempre el exabrupto, el eslogan fofo y pueril. Además, una retahíla de columnistas y tertulianos insiste en la misma línea con un lenguaje igualmente zafio y grosero que pocas veces va al fondo de los asuntos. Lo importante es la propaganda. Las verdaderas cuestiones que deberían interesar —y pienso que interesan— a los ciudadanos quedan siempre al margen como un trasfondo al que nunca se llega y que apenas merece atención. Es lamentable coger un periódico o escuchar una tertulia política en una emisora de radio o televisión y saber a priori cuál va a ser la argumentación de la mayoría de los colaboradores respecto a cualquier tema de actualidad. Reconozco que me produce una gran sorpresa la capacidad de muchos tertulianos y articulistas para saber mantenerse dentro de la doctrina que en cada momento va a defender el partido afín o el medio afín, incluso sabiendo manejar un cierto grado de tolerada discrepancia.

En tiempos de elecciones la simplificación y la manipulación de los mensajes se incrementan todavía más, a pesar de que todos los políticos afirman que van a eludir el insulto y la confrontación y se van a centrar en explicar las propuestas de su partido. Pienso sinceramente que buena parte de la mala imagen que los políticos tienen hoy día se debe a este discurso simplificador y manipulador. Las sesiones de control del Gobierno son un ejemplo de la inutilidad de este tipo de discurso cuando deberían ser un contraejemplo, pero el caso es que este discurso predomina, no sé si es por inutilidad o vaciedad por parte de nuestros políticos para realizar un discurso ideativo y constructivo o porque los asesores, analistas de encuestas, les dicen que así consiguen más votos. No lo creo y muy contrariamente pienso que se hace un flaco favor a la democracia con este discurso simplista y manipulador, del que mucha gente, muchísima, está cansada y hasta el gorro del pisoteo constante de su inteligencia.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios