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Historia y Constitución

Juan José Solozábal
jueves 12 de mayo de 2011, 11:31h
Resulta llamativo el juego reducido de las referencias históricas en la discusión pública y aun en la actividad interpretativa de la Norma Fundamental por parte del Tribunal Constitucional. Nada parecido a lo que sucede por ejemplo en los Estados Unidos, donde a nadie se le ocurre resolver una disputa constitucional sin miramiento a la voluntad , verdadera o supuesta, de los padres fundadores o a la primera interpretación canónica de la Constitución establecida en EL Federalista. Esto acontece seguramente porque no tenemos una tradición constitucional compartida, y así las diversas constituciones que en nuestra historia nos hemos ido dando desde la Constitución de Cádiz no han procedido a través de la reforma de la anterior Ley Fundamental vigente, sino que han ido surgiendo, mediante la convocatoria de asambleas constituyentes como nuevas y diferentes constituciones.

Así las constituciones son rupturistas; se afirman sin miramiento a los precedentes o prescindiendo de ellos. Todo lo más se adscriben a una línea constitucional que se determina por exclusión u oposición a la contraria: hay un constitucionalismo genuino , que es el liberal democrático al que corresponde la experiencia de Cádiz, la Constitución de 1969 , así como la Constitución republicana de 1931 y la Constitución de 1978.En frente hay un constitucionalismo espúreo o no verdadero, mero constitucionalismo de fachada o semántico, que se propone adornar la situación fáctica de poder del momento, que es el propio de las constituciones del moderantismo(1845) y de la Restauración 1876.

La verdad es que la legitimidad de una Constitución resulta incrementada si ella puede apelar a una experiencia histórica que las nuevas circunstancias han aconsejado aprovechar y mejorar. Ese propósito integrador es el que ha de estar en las referencias en la interpretación constitucional a la historia , pues no se trata , como a veces hace el originalismo, de mitificar la sagacidad de los padres fundadores, haciendo pasar determinada interpretación constitucional con el prestigio de la atribución de la misma a la voluntad de los autores de la Constitución.

La deferencia constitucional con el pasado viene facilitada si se repara en los detalles historicistas que no faltan en nuestro texto constitucional, de manera que en la Norma fundamental hay voluntad de incorporar instituciones o figuras que no se entienden sin aceptar su procedencia de otros tiempos, hablemos así de la Corona, como la regulación de la posición del monarca en el orden constitucional, o el reconocimiento del sistema foral en el caso del Pais Vasco o Navarra.

Pero la referencia al pasado constitucional podría facilitarse si rebajásemos el sentido rupturista de las constituciones , aceptando una cierta base histórica de las mismas y sobre todo construyendo una común tradición que disminuyese el significado partidista del precedente o la utilización en la interpretación constitucional de una solución empleada en el pasado.

De acuerdo con lo dicho convendría recordar que es la propia Constitución de Cadiz, la que, no obstante su empeño revolucionario, se presenta en relación con la historia, con un evidente propósito continuador. Según se decía en el Discurso preliminar, el proyecto constitucional no contenía nada “que no se hallase consignado del modo más auténtico y solemne en los distintos cuerpos de la legislación española”.

Pero sobre todo lo que reforzaría la utilidad de la referencia histórica en la interpretación constitucional, sería la construcción de una , por decirlo aí,memoria común de nuestro constitucionalismo, que insistiría no en la contraposición de las dos tradiciones a que antes nos referíamos, sino en su correspondencia y complemento. Así el constitucionalismo moderado no consiste en la alternativa al constitucionalismo liberal, aunque nadie pueda negar que nace como respuesta a sus planteamientos, pues asume parte de sus elementos y lleva cabo su completamiento. En efecto, la Constitución moderada de la Restauración acoge los derechos de la declaración de la Constitución de 1869, y de hecho la Asamblea que la elaboró fue elegida por sufragio universal, estipulado por dicha Constitución anterior. Pero lo que habría que señalar sobre todoes que el constitucionalismo moderado lleva a cabo el completamiento institucional y legislativo del proyecto liberal: es el constitucionalismo conservador, de la época del Estatuto de 1834 o de la Restauración, el que introduce prácticas de régimen parlamentario en nuestra forma de gobierno. Y es el liberalismo moderado el que, en los tiempos de Isabel II y de la Restauración, establece las bases de la construcción del Estado constitucional, centralizando la administración, creando las instituciones o aprobando los códigos nacionales que todavía perduran.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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