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Rubalcaba debe cumplir la ley, también en la Puerta del Sol

viernes 20 de mayo de 2011, 00:25h
A pocas fechas de que se celebren las elecciones del 22 de mayo, la Junta Electoral Central prohibía las concentraciones del estilo a la que se está llevando a cabo en la Puerta del Sol, por entender que los mensajes que en ella se vierten tienen un indudable contenido político, incompatible con la reflexión de los días anteriores a unos comicios. Es comprensible, por tanto, que se diera parte a la autoridad competente -el Ministerio del Interior, en este caso- para que procediese a disolver dichas concentraciones. No lo es que Rubalcaba se niegue, aduciendo que “la Policía está para resolver problemas, no para crearlos”. Decir eso es tanto como arrojar sobre el Cuerpo Nacional de Policía una incapacidad de la que, por fortuna, adolece. La Policía está perfectamente cualificada para llevar a cabo desalojos pacíficos y enfrentar situaciones parecidas con una profesionalidad que nadie cuestiona.

Gobernar no es necesariamente contentar a todo el mundo, sino hacer lo correcto. Y, desde luego, velar por el cumplimiento de la ley. Estos días puede verse a la práctica totalidad de partidos de izquierda intentar capitalizar el voto descontento de la Puerta del Sol y atraerlo a sus respectivos rediles, con la excusa de compartir muchas de las reivindicaciones planteadas. No iba a ser menos el PSOE quien, por boca de la mayor parte de sus dirigentes, se ha significado públicamente a favor de Democracia Real Ya. En realidad, un movimiento de este tipo –independientemente, de la justificación que pudiera tener, que no es poca, y de la simpatía que pueda generar- tiene cierto carácter y composición anti-sistema y que, como es el caso, llama a la abstención, resta el voto que los sociólogos llaman marginal: un voto de corte radical que el PSOE supo movilizar en el 2004 y que ahora parece que puede darle la espalda; de ahí la inquietud de los socialistas. Pero el cometido del ministro del Interior no es simpatizar o recuperar a colectivos que le hagan el caldo gordo a los suyos, sino velar por el escrupuloso cumplimiento de la legalidad vigente. Máxime en época electoral. Y si no se ve capaz de contrariar a un grupo de ciudadanos que se niegan a acatar las resoluciones de la Junta Electoral Central, lo mejor que puede hacer es dimitir y dejar que otro haga su trabajo.
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