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PH CERO

[i]¡Lástima que en Sol no quepan todos![/i]

viernes 20 de mayo de 2011, 09:48h
Un siglo después de su vigencia cultural y política en España, es exagerado, muy exagerado, decir que el regeneracionismo cobra de nuevo protagonismo a través de un reducido número de ciudadanos indignados y asqueados, pero divididos frente al sistema político, los partidos políticos y la casta política. Sería estupendo poder afirmarlo sin exagerar, poder referirse a la “revuelta pacífica española” que tanto inquieta ya a quienes nos gobiernan, pero queda muchísimo recorrido para que esta incipiente protesta llegue a convertirse, si es que lo consigue, en movimiento ciudadano capaz de regenerar la cosa pública.

Sin embargo, no es mala idea que sea la sociedad civil la que emprenda este camino de saneamiento de lo de todos antes de que venga un “cirujano de hierro” a extirpar los males de España y sustituirlos por sus propios vicios. Mejor que, tras el desastre económico de 2008, sean los ciudadanos -más y mejor formados que nunca en la historia de nuestro país- quienes den, sin vandalismo, un golpe de mano en el timón del Gobierno, denuncien el secuestro de la voluntad social a manos de los políticos, renuncien a la sumisión ante el poder que nos ha caracterizado con pocas excepciones a lo largo de los siglos y exijan una reforma completa de la actividad política que deje fuera de juego las corrupciones, los despilfarros, las incompetencias, las megalomanías y, en resumen, la España oficial tan y más alejada de la España real.

Las manifestaciones del pasado domingo y la acampada en la madrileña Puerta del Sol, comparten la participación escasa y la abundante indignación, pero también una estética y unos protagonistas que dejan fuera de escena a otros muchísimos españoles asqueados con la política, pero poco dispuestos a compartir pancarta con Willy Toledo o Santiago Segura mientras ondean una bandera republicana sobre su cabeza, le rodean chavales que alardean de sus camisetas con la imagen impresa del “Che” Guevara y le ensordecen con proclamas izquierdistas al tiempo que queman contenedores o agreden a los periodistas.

El impulso al grito “Democracia real: ya”, que no se apaga en la calle y crece en Internet, se producirá cuando los que no se identifican con la izquierda extrema sientan que también tienen sitio en las protestas y se sumen a ellas para convertir el movimiento sin filiación política 15-M en movimiento sin adscripción ideológica. Cuando quepan todos, serán muchos más y hasta pueden conseguir lo que ni los literatos, ni los políticos, ni los militares, ni el propio rey Alfonso XIII lograron hace un siglo: la regeneración de España.
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