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charla con josé varela ortega

José Juan Toharia: “No hay buenos líderes, por eso hacen más ruido las encuestas”

viernes 20 de mayo de 2011, 20:08h
José Varela Ortega, presidente de la Fundación Ortega-Marañón, charla, en la sede de esta institución, con el sociólogo Juan José Toharia sobre la importancia de las encuestas y su evolución hasta nuestros días en un momento en el que tanto valor tienen para políticos, medios de comunicación y ciudadanos.
José Varela Ortega: ¿Cómo han derivado las encuestas desde el famoso libro de Walter Lippman Public opinión, de 1922, hasta nuestros días?

José Juan Toharia: La preocupación por buscar un instrumento que pueda captar lo que la ciudadanía piensa nace en la Democracia. Desde 1787, que es cuando se redacta la primera Constitución de EEUU, ya hay una preocupación por saber qué puede pasar en las elecciones. Antes de la Democracia, Rousseau ya se preocupó por intentar captar la conciencia social, los griegos distinguían entre opinión y conocimiento, también le preocupó mucho a Napoleón, que ordenaba difundir rumores falsos para ver cómo reaccionaba la gente, que es lo que llamamos ahora un globo sonda...

Entre 1787 y 1935, se recurría a las ‘straw polls’ o encuestas paja, es decir, algo parecido a lo que hacen los periódicos cuando preguntan a sus lectores qué opinan sobre algo. En 1936, Roosevelt se presenta a la reelección y la publicación semanal Literary Digest predice la victoria de Landon mediante el envío masivo de postales a 10 millones de personas (de las cuales respondieron 2,5 millones) a partir del listín telefónico y de las bases de datos de los concesionarios de coches. A su vez, el joven George Gallup también realizó una encuesta entre 50.000 personas que daba como ganador a Roosevelt y se permitió, además, la arrogancia de decir que Literary Digest se había equivocado por un exceso de representación de la clase media alta, que eran los que compraban coches y teléfonos, etc. Literary Digest le demandó por difamación pero, como ganó Roosevelt, ante tal descrédito tuvo que cerrar y pedir disculpas.

En el 48 Roosevelt fallece tras 4 mandatos y le sucede Truman, que se presenta a las elecciones. Todos los sondeos dicen que va a ganar Dewey. Este es el gran fracaso de las encuestas. Fue tal la conmoción, que el Consejo Nacional de Ciencias abrió una investigación y descubrieron que la opinión pública cambia. Hay fallos clamorosos pero el conjunto de las encuestas que se han venido haciendo en los últimos 80 años es muy bueno, el margen de error es muy pequeño y, además, es algo injusto, porque no son un instrumento de predicción sino de descripción. Tratan de captar el estado de ánimo en un momento determinado y eso, por lo tanto, tiene fecha de caducidad. No sabemos cuánto va a variar el estado de ánimo hasta el día de la votación. Cuanto más cerca de la fecha, mejor.

J. V. O.: ¿Capitalizáis mucho sobre las preguntas indirectas?

J. J. T.: Sí, sobre eso se aprendió mucho en los años 60, sobre la respuesta proyectiva o el efecto tercera persona. Descubrieron que si preguntaban a un vecino blanco si estaría en contra de tener vecinos de otras razas, la respuesta era negativa. Pero, en cambio, si preguntaban a esa misma persona sobre la opinión de los demás vecinos, se mostraban convencidos de que nadie en el barrio estaría a favor. De ahí la importancia de las respuestas indirectas.

J. V. O.: Surge ahora la pregunta de “dígame qué quiere y yo me hago el programa”. Eso repercute en la relación entre el líder y el votante, al mismo tiempo que el partido tiende a buscar un tipo de liderazgo flexible, por no decir vaporoso. Este tipo de líder, que en Inglaterra ha sido Blair, un líder británico raro, distinto a lo que había habido antes; o Segolene, en Francia; o Zapatero, aquí. En general, en Europa pasa que en vez de elegir a un hombre que dé apoyo y seguridad de liderazgo, un gobernante, se elige a un ‘amiguete’. No es el arquetipo del líder europeo, eso se ha perdido. La encuesta deja de ser una predicción para ser programática. ¿Es así?

J. J. T.: El líder busca conocer cómo son los ciudadanos para que escuchen lo que yo quiero venderles. Obama escucha para conocer y plantear lo que quiere hacer. Hay una falta de liderazgo en la política, lo que se da es un liderazgo muy blando. No hay buenos líderes, lo que propicia que se cubra ese hueco con el ruido que hacen las encuestas. Cuando hay un buen líder, utiliza las encuestas para recibir información, pero no para hacer un programa electoral.



J. V. O.: Los que nos dedicamos a esto de la Historia vemos un corte en el perfil de la historia electoral española, más larga de lo que la gente cree, en el que hay tendencia de las ciudades a votar a la izquierda. A partir del 86 eso se empieza a desviar, grandes ciudades empiezan a votar a la derecha. Hoy en día, los entendidos decís que la gente no vota sólo por razones locales y particulares si no hay un componente devoto, llamémosle nacional o general, debido a factores como la crisis económica, por ejemplo. Es algo que está cambiando. Es decir, que el voto ciudadano es hoy muy distinto del que era hasta los años 70. Me gustaría que comentaras algo de eso.

J. J. T.: Tiene razón, pero eso no pasa sólo en el ámbito urbano. Lo que ha habido en los últimos 20 años ha sido una quiebra de lo que históricamente ha funcionado a la hora de estructurar el voto. En Estados Unidos, me ensañaron que se vota según el estrato social. Esa es la norma. El voto, en los últimos años, ha dejado de estar anclado a factores socioestructurales. Por lo tanto, hoy es más difícil predecir, en función de la situación social, sexo o edad, la probabilidad de voto. Hoy, en España, pueden votar al PP y al PSOE la misma proporción de mujeres, que de jóvenes o que ciudadanos de ciudades. Otro ejemplo, los religiosos votaban a la derecha y hoy, gran parte de los que votan al PSOE, se definen como católicos. Los jóvenes votan al PSOE y al PP indistintamente.

J. V. O.: ¿Eso puede explicar que el trasvase de voto sea más fácil?

J. J. T.: Hay poco trasvase de unos partidos a otros. Lo hay en estas elecciones y puede que lo haya en 2012. Lo fundamental de esto es que hay un paso intermedio en esto: pasar de votar a quedarte en casa en vez de votar a otro. El PP tiene una ventaja en un sentido, ya que cuenta con una fidelidad de voto espectacular. Pase lo que pase, les gusten sus líderes o no, votan a este partido. Eso en el PSOE no pasa. En el PSOE, el porcentaje de afinidad está en la mitad que en el PP.

J. V. O.: En esa descripción del electorado, sería relativamente bueno porque significaría que garantiza la alternancia, ¿no?

J. J. T.: Sí, es posible, aunque cuando se es afín a un partido, también es verdad que hay una tendencia a mantener esa afinidad, es decir, o a votarlo o a no pasarse a otro partido.

J. V. O.: Hay también una actitud práctica ante la política.

J. J. T.: En la medida en que antes cada uno se esperaba que votara de acuerdo con el grupo social al que pertenecía, eso se trivializa. Ahora, la gente habla con naturalidad de a qué partido vota.

PIE DE FOTO


J. V. O.: Hay algo que me parece interesante. Es un error en el que caen sistemáticamente los políticos, esto que decías tú sobre el voto de la mujer, cuando la izquierda se opuso por temor a que votara a la derecha. Hay una discusión ahora, no de la mujer, pero sí de los inmigrantes. Me pregunto, entonces, si tiene algún sentido eso de que los inmigrantes van a votar distinto del resto, como dicen otros sociólogos.

J. J. T.: En algunas zonas, como en Alcalá de Henares, donde hemos hecho un estudio, la mayoría va a votar al PP, que es lo que vota la mayoría de los ciudadanos de ese municipio. No hay, por tanto, una candidatura fuertemente ecuatoriana o rumana. Se integran como cualquiera. La teoría de hace cuarenta años, habría dicho que votarían a la izquierda, pero eso no siempre es así.

J. V. O.: En Estados Unidos, donde saben mucho de eso, también hay comportamientos muy contrarios a lo esperado.

J. J. T.: Claro.

J. V. O.: En estas elecciones, hay un componente que la crisis económica, la gestión de la misma, cambia mucho la situación. Se puede producir que feudos tradicionales que, de repente, cambien de signo, como Castilla-La Mancha o Andalucía, por ejemplo. ¿Eso puede tener un impacto en el sistema de partidos? Mi impresión, desde un punto de vista partidista, es que son más importantes que las generales. No sé si lo cree así.

J. J. T.: Si no más importantes, sí en el sentido de que se va a repartir poder. Si en estas elecciones se produce eso, el Gobierno se va a encontrar con un mapa desolador, en el que no gobernarían en ningún lugar relevante. En la hipótesis de que ganara el PSOE las generales en 2012, una hipótesis remota, se encontraría con que el resto del país está gobernado por fuerzas políticas distintas a la suya.

J. V. O.: Aunque uno pierda unas elecciones, si conserva una estructura firme de poder que alimente a una clientela importante, el partido se mantiene muy sólidamente. Pero si se erosiona esa base, el partido afectado puede sufrir un gran impacto. En los peores momentos, el PP perdió las elecciones. Después de esa debacle, se recompuso el poder en Génova. Permite, en momentos difíciles, que en Génova no se produzca una Noche de cuchillos largos. ¿Qué pasará con estos partidos si donde se pierde el poder es en Génova o Ferraz? Es un interrogante que no hemos vivido, salvo el de UCD.

J. J. T.: Sí, sin duda. Es un interrogante que hay que tener en cuenta.
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