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Tribuna

La crisis y sus historiadores

miércoles 01 de junio de 2011, 09:31h
Solemne y apodíctamente uno de los más egregios modernistas de la centuria precedente, Pierre Chaunu, escribió que “La historia, ciencia humana unificadora de nuestro tiempo, alumbrose entre 1929 y el comienzo de los años treinta: nació de la angustia y miseria de los tiempos, en el clima doloroso de una crisis de formidables dimensiones e incontables repercusiones”. Al emitir tal juicio, el autor de no hacía más repetir un lugar común de la historia de la historiografía contemporánea conforme al cual, según es bien sabido, la Escuela de Annales, fundada en el otoño de ese mismo año de 1929, fue la respuesta de Clío al mundo surgido del formidable crack de la bolsa neoyorquina y sus secuelas mundiales.

Sin embargo, como suele suceder en las leyendas gremiales y reconstrucciones de tal índole, la realidad no se acomoda a ese discurso. Por muchas que fuesen las dotes de zahoríes de los creadores de la célebre revista, no atisbaron en ningún momento de los años precedentes el advenimiento de la tragedia, y los trabajos y los días –muchos, sincopados y, a las veces, zozobrantes- que hicieron de basamento de la célebre publicación no se conformaron al guión dictado ulteriormente por la marcha de las zonas más evolucionadas del planeta. Los grandes empeños historiográficos, los estudios de amplio calado en la reconstrucción del ayer no se tejen de un día para otro ni tampoco de un año a otro. Se habló así –y sigue haciéndose- de que la descollante obra (1934) del norteamericano E. J. Hamilton sobre los tesoros indianos y su repercusión en los precios europeos –American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1503-1650- respondió igualmente al impacto de la crisis del capitalismo representada por el subitáneo hundimiento financiero. Bien podía ser así, aunque hay más de un elemento de sospecha para pensar que su gestación se iniciara antes de 1a fatídica fecha. Por el contrario, sí es plenamente seguro que gran parte del impulso que decidiera a John. Maynard Keynes (1883-1946) a escribir el más impactante libro de doctrina económica del siglo XX –Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936)- arrancó de sus reflexiones sobre el magno acontecimiento, punto de inflexión el más importante experimentado hasta entonces por el capitalismo.

Trascurrido ya un cuatrienio de las primeras turbulencias de la honda depresión en que se encuentra postrada todo el sistema económico hoy único existente debido al fenómeno de la globalización, es lo cierto que todavía no ha aparecido la investigación que ilumine acribiosamente sus principales perfiles, así como tampoco se han publicado tratados o monografías relevantes que aclaren, a su luz, periodos de un pasado más o menos lejano. Tal vez se hallen en fárfara o ya encetados, pero, en tal caso, sus conclusiones no son del dominio público, en un tiempo y en una sociedad profundamente conturbados, que observan anhelantes cualquier señal para orientarse en un horizonte cada vez más aborrascado. Vuelve a ser ésta otra época necesitada de genios y de talentos clarividentes que horaden las “tinieblas del mañana” y pongan rigor y exactitud en los elementos de análisis de una realidad preocupante como pocas lo fueron en el desenvolvimiento de la humanidad.
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