Como un polvorín
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 04 de junio de 2011, 20:46h
El ciclo de las revueltas en los países islámicos sigue y cada vez se enreda más. Los primeros meses del año cogieron a las cancillerías occidentales con la guardia baja. Nadie entendía muy bien qué ocurría mientras las masas echaban al Presidente de Túnez o tomaban la plaza Tahrir. No había mucho Allah Akbar ni muerte a los americanos o a los judíos. Los Hermanos Musulmanes eran unos jugadores mas en una escena que cada vez se hacía más dinámica y tenían que confiar en controlar -en el futuro- unos acontecimientos que en el presente los estaban desbordando. La violencia era de los represores y el mundo simpatizaba con unos jóvenes valientes golpeados por la Policía. Algunas mujeres lideraban una actividad política que hasta hacía poco era clandestina. Incluso en Irán, donde la represión es constante, volvíamos a ver imágenes que recordaban la Revolución Verde sofocada en sangre hace unos años.
La cosa fue cambiando con Libia, Siria y Yemen. Allí la violencia se sostiene en el tiempo y está aumentando. Es más adecuado hablar de guerra civil en Yemen y Libia y de simple violencia contra el pueblo en Siria. Es difícil saber qué está ocurriendo. En el país africano la ayuda internacional va decantando a favor de los rebeldes una lucha desigual con Gadafi. Todo parece indicar que el Coronel finalmente caerá aunque morirá matando. En Yemen la cosa está más complicada. Después de 32 años de Gobierno, Alí Abdallah Saleh no quiere dejar el Gobierno. Todas las reformas que ha propuesto tendían a hacer vitalicio su poder o a delegarlo en su hijo en una forma de Presidencia hereditaria. Después de que el Ejército abriese fuego contra los manifestantes, los acontecimientos se han ido precipitando. Algunos generales, funcionarios y líderes tribales se han apartado de Saleh y -tras una breve tregua rota por la violencia- ya hay combates abiertos con fuego de ametralladora, morteros y granadas; es decir, una guerra civil en serio. Mientras tanto, el Presidente amenaza con la creciente fuerza de Al Qaeda en el Yemen si él se marcha. Viendo los precedentes, es improbable que un Occidente que no ayudó ni a Mubarak ni a los demás vaya a salir en apoyo de un Presidente en esas circunstancias. En Siria la cosa no pinta mejor. A trancas y barrancas se han acabado aprobando sanciones contra Siria pero nadie se atreve a hablar de una intervención directa para frenar una represión que ha dejado más de mil muertos y diez mil detenidos desde el 15 de marzo hasta ahora. La Unión Europea ha aprobado medidas contra Assad, que ha prometido reformas, pero la oposición ha exigido la dimisión del Presidente. Aunque el pasado día 31 se proclamó una amnistía general, este viernes ha vuelto a haber violencia y hasta el momento son ya 25 los muertos en las manifestaciones de este viernes.
Por si no fuese suficiente, el Presidente Obama exige a Israel que regrese a las fronteras de 1967 mientras el Primer Ministro israelí Netanyahu afirma que tales fronteras son indefendibles. Todo el mundo está a la espera de ver si en septiembre se proclama, como pretende Abu Mazen, el Estado palestino con las fronteras de 1967. Es interesante señalar cómo la atención se está centrando en el contencioso fronterizo mientras que parece prestarse menos atención a la cuestión crucial para Israel del derecho de retorno de los palestinos al territorio israelí, una reclamación histórica de la OLP. El Presidente Sarkozy, por su parte, trata de relanzar el diálogo palestino-israelí con su propio plan de paz y una convocatoria de cumbre en París. Abu Mazen ha aceptado en principio. Habra que ver qué dice Netanyahu.
Así, Oriente Medio es cada vez más inestable. El ciclo de revoluciones de 2011 no concluye mientras se acerca el verano, que es un momento siempre delicado en la región. Es imposible hacer pronósticos infalibles cuando hay tantos acontecimientos en curso y de resultado incierto. Si la violencia continúa y las guerras civiles no se detienen, serán cada vez mas necesarias las actuaciones desde el exterior para restablecer la paz. Nadie quiere un Oriente Medio en llamas pero parar los enfrentamientos puede tener un coste altísimo en vidas y en dinero. Las guerras son carísimas. Israel está acosado, una vez más, y los Estados Unidos parecen desconcertados. De la Unión Europea mejor ni hablamos. De las decisiones que se tomen estas semanas puede depender que Occidente conserve su posición en la zona o que ganen mayor influencia potencias regionales como Turquía o Irán.
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Analista político
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