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El chantaje de Zapatero a Rajoy

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 08 de junio de 2011, 21:25h
Tienen que estar muy desesperados Zapatero y Elena Salgado para pedir ayuda a Rajoy, como han hecho, para que aminore las denuncias a la suciedad que se esconde bajo las alfombras de la contabilidad autonómica. Y tiene que ser muy generoso Rajoy para dársela, como, al parecer, ha prometido.

Y digo que es un acto generoso, porque ayudar al Gobierno no es necesariamente algo que deba corresponder a la Oposición (y quiero recordar aquí, aunque sea obvio, que aunque parezca que Rajoy ha ganado las elecciones, el que sigue en La Moncloa es el PSOE). Otra cosa sería que estuviéramos en tiempo de traspaso de poderes, para lo que haría falta antes que Zapatero no se aferrara al Poder que angustiosamente mantiene, convocara elecciones y las perdiera. Lo que sucede es que no lo hace; pero, insisitamos, a pesar de su actitud numantina, pide apoyo a Rajoy.

¿Debe o no Rajoy ayudar al Gobierno? Ésta es la cuestión. Para algunos, sólo se trata de un acto patriótico: defender a España de las agresiones exteriores de los famosos mercados. Para otros, incluido el Rajoy de hace un año, todo salvavidas que se le dé a Zapatero redunda en un perjuicio contra los intereses de España, puesto que, a estas alturas, parece claro que de los dos problemas que tenemos, la crisis y la gestión de la crisis, lo importante es lo segundo: el Gobierno.

Aunque las ganas de venganza por el desastre socialista impregnen a una muy buena parte de la sociedad española, quizá no sea descabellado afrontar los próximos meses con un cierto despliegue de intenciones constructivas. Y me refiero a planes que se puedan compartir entre los grandes partidos sobre austeridad, transparencia y racionalidad en el uso de los endeudados fondos públicos de los que dispone España. Pues es posible que no haya más remedio, porque la situación por la que atravesamos es trágica, tirando a peor.

Es compatible esto con la denuncia constante a quienes nos han llevado a esta situación en la Administración del Estado y en las Autonómicas. Porque, hay que recordar, aunque la culpa principal compete a quien más poder ha tenido, el Gobierno de Zapatero y todos sus cómplices ministeriales y autonómicos, también es cierto que otros partidos han tenido responsabilidades en sus respectivos ámbitos de poder municipal y regional. Rajoy puede aprovechar la situación para exigir la limpieza de lo que no controlaba (el caso de Castilla La Mancha es claro) y también limpiar lo que su partido sí controlaba. Ambas cosas serían buenas.

Es cierto que con el PSOE enfrente, nada es fácil. Los socialistas intentaron todas las maniobras concebibles para llevar al PP a la periferia del sistema, incluso más allá. Pactos políticos, propaganda vomitiva, clientelismo atroz y bastantes cosas más. Pero, lo cierto es que todo esto ya ha fracasado, aunque haya permitido a un mediocre político leonés estar en el Palacio presidencial un tiempo asombrosamente largo para sus capacidades.

Sin embargo, y aunque el citado fracaso es clamoroso, por el momento ese mediocre político y su equipo (Alfredo Pérez Rubalcaba, Elena Salgado, José Blanco, Manuel Chaves, Carmen Chacón, etcétera) aún siguen ahí, y tampoco ha cejado su discurso público sobre la “irresponsabilidad” de Rajoy, su “gamberrismo” y algunos improperios más. Pero, eso sí, por teléfono le piden ayuda Zapatero y Salgado.

Es entendible el dilema de Rajoy. Cuanto más se acorte la Legislatura, mejor para España. Pero si no se acorta, puede hacer falta un salvavidas para España, aunque Zapatero y Rubalcaba aprovechen para aferrase a él para no ahogarse.

Se puede decir por ello que Zapatero está, en el fondo y en la forma, chantajeando a Rajoy. Pero éste puede saber que ésa es una última maniobra táctica del incompetente Jefe del Gobierno (o de su alter ego en la siguiente candidatura) y pensar que está todo tan claro en la opinión pública española que aunque el líder del PP sea ahora generoso, su alternativa socialista difícilmente puede rentabilizarlo a su favor.

No es fácil la solución, sin embargo, porque no hace tanto tiempo que el PSOE construyera la mayor maniobra de manipulación electoral que pueda concebirse tras los atentados del 11-M. Y como hace poco tiempo, muchos en el PP se acuerdan de ello nítidamente y no están dispuestos a dar al enemigo ni agua.

Estamos, sin embargo, en un escenario diabólico. Tenemos tal paro, tal déficit, tal deuda, que cada día que pasa es un clavo sobre nuestro propio ataúd. De ello nos podría aligerar Zapatero, si tuviera la generosidad de convocar elecciones, pero no quiere porque sigue en la ensoñación del milagro, para que Rubalcaba tenga tiempo para vender que él sí tiene las soluciones para la crisis, pero se las guardará para las próximas elecciones no vaya a ser que Zapatero se las copie.

Zapatero está en su derecho (personal, no nacional) de no convocar. Rajoy lo estaría de poner pies en pared para forzar la situación. Parece, porque así se suele manifestar su carácter, que limitará los destrozos con esa paciencia que tanto irrita a sus partidarios más montaraces pero que no parece desafortunada para sus intereses, a tenor de los últimos resultados.

Quizá, por todo ello, Rajoy no vaya a apretar el nudo de la horca sobre Zapatero, aunque siempre tendrá que prever que si deja respirar a los socialistas se puede encontrar con la reacción imprevisible del depredador moribundo.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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