Brasil tropieza dos veces en la misma piedra
jueves 09 de junio de 2011, 01:57h
La corrupción y el enriquecimiento ilícito dentro de la esfera política es uno de los grandes males de las sociedades latinoamericanas y los países que han demostrado ser ejemplo de progreso en la región aún no se han liberado del todo de la codicia que despierta en ciertos políticos los tiempos de bonanza. Este martes el jefe de Gabinete de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, Antonio Palocci, se vio forzado a dimitir por verse salpicado por las dudas que ha generado la procedencia de su abultado patrimonio, el cual, comol por arte de magia, se multiplicó como la espuma en los últimos cuatro años.
Posiblemente el nombre del brazo derecho de Dilma no estaría tan comprometido, sino fuera porque acusaciones similares con ciertos tintes sexuales, pulularon alrededor de Palocci en 2006 cuando llevaba a cargo de cartera de Hacienda durante el gobierno del carismático Luiz Inacio Lula da Silva, y de las cuales el ministro salió bien parado de los tribunales debido a que estos lo declararon inocente.
Un vergonzoso incidente, que volvió a salir a la luz, tras las denuncias llevadas a cabo por el diario “Folha de S.Paulo” y que reveló el jugoso incremento que experimentó el patrimonio del cuestionado funcionario cuando sirvió como diputado de Lula, gracias a una firma de consultoría en finanzas e inversiones llamada Projeto, que fundó hace cinco años y con la cual ha multiplicado veinte veces su fortuna personal, volviendo a poner a Palocci en el punto de mira, empañando el buen arranque de gestión de una de sus mentoras, Dilma Rousseff.
Este ha sido un golpe bajo para un Gobierno que comenzó con buen pie y para la imagen de la mandataria, cuya seriedad y pragmatismo le han demostrar que es algo más que la delfina de Lula, sino una líder con ideas propias y muy claras sobre la dirección que ha de tomar un gigante económico como Brasil. El Gobierno de Brasilia ha actuado quizá con ligereza al darle el beneficio de la duda a un hombre cuya integridad no ha estado del todo limpia, o por lo menos no se ha esforzado por justificar la decisión de una Justicia que le dio una nueva oportunidad; al contrario, todo apunta a que siguió aprovechándose de la situación y de su poder. De nuevo su futuro queda en manos de un tribunal.
No cabe duda que cuando de política se trata se aplica la frase que reza: “cuando el río suena es que agua lleva”. Brasil no sólo oyó el sonido del río, sino que también se topo de nuevo con la misma piedra que lo generaba.