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Los gitanos con el Papa

domingo 12 de junio de 2011, 17:29h
El Papa se ha encontrado con los gitanos. Fueron 1300 que llegaron de toda Europa para conmemorar el 75 aniversario del martirio del Beato español Ceferino Jiménez Malla, conocido familiarmente como “el Pelé”, que en los últimos días de julio de 1936, fue detenido por salir en defensa de un sacerdote que arrastraban por las calles de Barbastro para llevarlo a la cárcel, y por llevar un rosario en el bolsillo. Le ofrecieron la libertad si dejaba de rezar el rosario. Prefirió permanecer en la prisión y afrontar el martirio. En la madrugada del 8 de agosto de 1936, lo fusilaron junto a las tapias del cementerio de Barbastro. Murió con el rosario en la mano, mientras gritaba su fe: «Viva Cristo Rey». Juan Pablo II lo beatificó el 4 de mayo de 1997. Se trata del primer gitano elevado a los altares y durante el encuentro con Benedicto XVI, habló en nombre de todos, Ceija Stojka, quien durante la segunda guerra mundial fue prisionera en el campo de exterminio de Auschwitz. Otro ejemplo de una raza que es discriminada constantemente.

Hijo de padres gitanos españoles, Ceferino Giménez Malla, nació en Fraga, probablemente el 26 de agosto de 1861, fiesta de San Ceferino Papa, de quien tomó el nombre, y fue bautizado ese mismo día. Como su familia, Ceferino también fue un gitano que vivió siempre como tal, profesando la ley gitana tanto en su formación como en el desarrollo de su vida. De niño recorrió los caminos montañosos de la región, dedicado a la venta ambulante de los cestos que fabricaba con sus manos. Todavía joven, se casó, al estilo gitano, con Teresa Giménez Castro, una gitana de Lleida de fuerte personalidad, y se estableció en Barbastro. En 1912 regularizó la unión con «su Teresa» celebrando el matrimonio según el rito católico. Comenzó desde entonces a frecuentar la iglesia hasta convertirse en un cristiano modelo. No tuvo hijos, pero adoptó de hecho a una sobrina de su esposa, llamada Pepita. El Pelé dedicó los mejores años de su vida a la profesión de tratante experto en la compraventa de caballerías por las ferias de la región. Llegó a tener una buena posición social y económica, que estuvo siempre a la disposición de los más necesitados. Acusado injustamente de robo y encarcelado, fue declarado inocente. El abogado que lo defendía dijo: «El Pelé no es un ladrón, es san Ceferino, patrón de los gitanos». Sumamente honrado, jamás en los tratos engañó a nadie. Por su reconocida prudencia y sabiduría, lo solicitaban payos y gitanos para solucionar los conflictos que a veces surgían entre ellos. Piadoso y caritativo, socorría a todos con sus limosnas.

Durante la ceremonia de su Beatificación, Juan Pablo II, habló a los miles de gitanos de todo el mundo que asistieron al acto.” El Pelé-les dijo- en su camino hacia la santidad, tiene que ser para vosotros un ejemplo y un estímulo para la plena inserción de vuestra particular cultura en el ámbito social en que os encontráis. Al mismo tiempo, es necesario que se superen antiguos prejuicios que os llevan a padecer formas de discriminación y rechazo que a veces conducen a una no deseada marginación del pueblo gitano. Vosotros, que habéis sabido mantener vuestra identidad étnica y cultural más allá de las fronteras, haciendo con frecuencia del camino vuestra patria, seguid su ejemplo de piedad cristiana y de especial devoción a María, que vosotros invocáis como «Amari Develeskeridaj», «Nuestra Madre de Dios», para que ella sea la Estrella que guíe y alegre vuestros pasos”.

Desde aquí, quiero felicitar a todos mis amigos gitanos, buenas personas, por este encuentro con el Papa y les invito también a que “superen esos antiguos prejuicios” que no benefician a nadie. “El Pelé” fue un ejemplo a seguir.

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