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La resaca electoral

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 13 de junio de 2011, 20:14h
El arrollador triunfo electoral del PP en las elecciones del 22 de mayo se ha visto incluso ampliado en el trámite de constitución de los ayuntamientos ya que ha conseguido, además, las alcaldías en bastantes municipios en los que había ganado, pero sin mayoría absoluta. No es necesario recordar aquí las cifras ni los casos concretos que son bien conocidos por todos. El conjunto de todos esos datos refleja una decidida apuesta del electorado por el cambio y por la única alternativa posible y realista, que no es ni puede ser otra que la que representa el PP. Pero, a la vez, un categórico rechazo del socialismo que, tras siete años largos, ha dejado a España convertida en un erial, al que se podrían aplicar los versos de Rodrigo Caro, “campo de soledad, mustio collado”. Esperemos que termine pronto esta inmerecida penitencia a que nos han sometido Zapatero y su gente para que, continuando con nuestros clásicos, no tengamos que recitar el conocido soneto de Quevedo: “Miré los muros de la patria mía/si un tiempo fuertes, ya desmoronados”…

Pocas cosas han puesto en evidencia el tajante rechazo a cuanto representa el socialismo que la negativa de los concejales de IU, en un buen número de ayuntamientos extremeños y andaluces, a apoyar a los candidatos del minoritario PSOE. A pesar de su militancia de izquierdas, no quieren que se les confunda con ese partido, rechazando también, de paso, la penosa estrategia de Llamazares y Cayo Lara que han convertido a IU en el perrito faldero del socialismo gobernante, que los ha sometido al conocido abrazo del oso. Anguita llegó a tener un grupo parlamentario mucho más numeroso precisamente porque supo distanciarse de cuanto significaba el socialismo felipista. No pintan buenos tiempos para la izquierda que, en todas partes, demuestra su incapacidad para afrontar las reformas necesarias para salir de la crisis. Pero el pluralismo necesario en una democracia exigiría una izquierda nueva, curada de sus radicalismos marxistas, que no llevan a ninguna parte y tendría que desempeñar el papel de contrapunto y crítica del centro-derecha. Pero la izquierda europea en general y la española en particular no parece estar madura para esa operación. No puede extrañar que algunos hablen de una necesaria refundación del PSOE, un partido en cuya centenaria historia son más patentes las sombras que las luces.

La peor noticia de estas post-elecciones ha sido la no por esperada menos preocupante presencia institucional de los pro-etarras de Bildu, que van a controlar un centenar de ayuntamientos vascos y navarros, incluido el de San Sebastián y la Diputación de Guipúzcoa. Desde aquí anunciamos hace meses que los comisionados de ETA estarían en los municipios. El mínimo olfato político denunciaba el torpe doble juego sucio del Gobierno y hacía presagiar hacía dónde se iba. Después de la resolución del malhadado Tribunal Constitucional todo quedaba al descubierto. Será difícil desvelar en el futuro toda la trama de este innoble proceso porque de estas cuestiones suelen quedar pocos testimonios concluyentes, pero si el análisis político consiste en intentar ver más allá de las apariencias –bien administradas por ese gran empresario teatral que es Rubalcaba- el contubernio para colocar a los pro-etarras en los ayuntamientos no admitía la menor duda.

Con la mayor desvergüenza imaginable, esta gentuza, apenas instalados, no han vacilado en mostrar cuán estúpidos han sido todos los que, con aparente buena fe, decían hasta hace bien poco, que había que confiar en esta “renovada” izquierda abertzale y en sus engañosas promesas. No sólo no han condenado a ETA y a sus crímenes sino que han pedido con todo el descaro la excarcelación de los criminales etarras y se han reído de las víctimas abucheando al concejal popular de Elorrio cuándo este se permitió recordar, por sus nombres a algunos de los concejales populares y socialistas asesinados por la banda. Quiero creer que un sector del PSOE rechazaba sinceramente la presencia de Bildu en las instituciones. Pero el otro sector del partido que, junto con el PNV, han actuado como promotores y padrinos de esa “gloriosa” consagración de los pro-etarras no van a tardar en sentir en sus propias carnes el tremendo error que han cometido. No se pueden hacer ciertas cosas impunemente y, antes o después, este tipo de barbaridades se vuelven contra sus autores, como un bumerán.

Tampoco es mucha novedad que los del 15 M o como quiera llamarse la chusma de las acampadas hayan aprovechado la constitución de los ayuntamientos para mostrar su verdadero rostro y su auténtica naturaleza a la que nos referíamos aquí la semana pasada. Todo esto ha sido un ensayo general para lo que preparan para cuando el PP gane las elecciones generales, si se confirman las encuestas y las expectativas. Son los mismos o parecidos que los del “nunca mais” que nacieron cuando el asunto del “Prestige” y los del “no a la guerra” (que, por cierto, les importaba un pimiento) y que sirvió para que constatáramos el verdadero rostro del socialismo zapateril. Gritaban el sábado contra los concejales (eso sí, sólo donde había ganado e iba a gobernar el PP) “No, no nos representan”. ¿Acaso representan mejor ellos a los ciudadanos? ¿Cuántos votos tienen? La calle no puede sustituir a las urnas en un país civilizado y democrático. Es de esperar que la amplia gama de los ingenuos que aplaudieron entusiasmados esta “espontánea iniciativa popular” se hayan caído del burro y hayan visto o adivinado el revés de la trama de toda esta gigantesca operación de agit-prop que, en la mejor tradición de la izquierda, ha aplicado fielmente los métodos leninistas con el apoyo de las nuevas tecnologías. Al “maquiavelo de Solares” que ha alentado o, al menos, permitido el movimiento –con el que ha declarado que simpatiza- sin cumplir con su deber de garantizar el orden publico y la seguridad ciudadana da toda la impresión de que, como al aprendiz de brujo, se le ha ido de las manos el experimento. Aunque hasta es posible que todo esto estuviera en su particular hoja de ruta. En suma, un ensayo general “con todo” para cuando se convoquen las elecciones generales, que podría ser antes de lo que le gustaría a Zapatero.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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