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reseña

Andrés Amorós y Antonio Fernández Torres: Ignacio Sánchez Mejías, el hombre de la Edad de Plata

sábado 18 de junio de 2011, 17:33h
Andrés Amorós y Antonio Fernández Torres: Ignacio Sánchez Mejías, el hombre de la Edad de Plata. Almuzara. Córdoba, 2010. 398 páginas. 25,95 €
“El mundo entero es una enorme plaza de toros, donde el que no torea, embiste”. El torero Ignacio Sánchez Mejías se lo hace saber, junto a otras muchas verdades, a los alumnos de español de la principal Universidad neoyorquina, la de Columbia. Ha intervenido, con gran éxito, a instancias de su amigo Federico García Lorca. Estamos a principios de 1930. Tras su muerte, cuatro años más tarde, el poeta le dedicaría al torero una de las obras cumbre de la poesía elegíaca en lengua española, “A las cinco de la tarde”.

La biografía de Sánchez Mejías constituye, sin duda, una pieza fundamental no ya para la comprensión de la tauromaquia de la Edad de Plata, sino también para el mejor entendimiento de la creación literaria y de la actividad cultural en la España del primer tercio del siglo XX. Seamos más precisos, a través de Sánchez Mejías es posible adentrarse en la compleja realidad de la España posterior al desastre del 98. En toda ella. La que se sobrepone al impacto de dejar de ser imperio, la que permanece al margen de los conflictos internacionales, la que padece las tensiones propias de un tiempo convulso y brutal, y aquella que deviene el teatro donde se representan múltiples esperanzas.

El libro que firman conjuntamente Andrés Amorós y Antoni Fernández Torres es una nueva aproximación, metódica en la cronología, brillante en la escritura, exhaustiva en el contenido, a una trayectoria vital que no se encierra en ella misma. La vida de Sánchez Mejías, ese hijo de casa buena, sin aptitudes para el toreo que acabó siendo matador tras haber sido banderillero de Joselito el Gallo; ese hombre marcado por la voluntad, el deseo y la lucha; por el amor a la velocidad y por la tradición; por los nuevos deportes de masas y por las costumbres; por la escritura y por la tertulia; por la amistad y por la independencia de carácter, resulta ser el epítome de un país de contrastes en el que el atraso –que no retraso– convive con la modernidad, en el que la pobreza y el dinamismo son rasgos compatibles tanto en las costumbres como en la vida social, en el que uno puede encontrar su sitio, tomando la alternativa en la plaza, mientras se vive una huelga general. Llega uno por momentos a convencerse de que en España el Futurismo, y las demás vanguardias –¿quizá la cultura?– no se entienden sin el toreo. Y es que, en el mundo de los toros, probablemente más que en el resto de la vida española, hay espacio. Lo hay entre Joselito y Juan Belmonte, por ejemplo.

El volumen que hoy reseñamos es altamente recomendable por el material gráfico que incorpora –en rigor, el texto y los materiales surgen de la exposición dedicada a nuestro héroe y ello permite visualizar retratos y escenas de grupo que, como mínimo un servidor, no había tenido oportunidad de ver impresas–, aunque también por su escritura: sin urgencias, honda y al tiempo accesible, culta. Lo es, en cualquier caso, de recomendable, porque tributa un sentido homenaje a la libertad, a la conciencia crítica y a la voluntad renovadora; porque recuerda que, en ocasiones, la muerte, en una plaza de toros de pueblo, puede ser toda una victoria.

Por Ángel Duarte
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