crítica de cine
"Un cuento chino": condenados a entenderse a causa de una vaca que cae del cielo
domingo 19 de junio de 2011, 10:40h
El último trabajo de Ricardo Darín, una comedia dramática en la que se mete en la piel de un ferretero de mediana edad absolutamente maniático que tiene que compartir su espacio con un joven chino que no habla español.
Se acaba de estrenar en España el último trabajo del actor argentino Ricardo Darín, que en esta comedia dramática se mete en la piel de un ferretero de mediana edad absolutamente maniático, ex combatiente en la guerra de Las Malvinas, y que de repente tiene que compartir su espacio sagrado con un joven chino que no habla una palabra de español.
Sí, a simple vista la historia suena a broma y, con el título que le han puesto, sólo las ganas de volver a ver “en acción” a Darín, pueden conseguir que muchos espectadores acudan a la sala a averiguar qué demonios es eso del cuento chino y de la vaca voladora. Como siempre, el actor argentino está estupendo y se nota que, además de bordar los papeles que interpreta, tiene un gran ojo para elegir los guiones. Aún así, él mismo reconoce que cuando acabó de leer esta historia escrita por su amigo, el director Sebastián Borensztein, lo primero que pensó es que era un “delirio”, pero que, quizás, precisamente por eso, porque piensa que un actor debe asumir riesgos, aceptó protagonizarla.
Lo cierto es que a pesar de lo increíble y surrealista que suena la historia, el director argentino, hijo del fallecido humorista Tato Bores, un cómico tremendamente popular en su país, se puso a escribir el guión para su tercer filme, después de leer un suceso real que le dejó conmocionado. Y, desde luego, aunque suene a cuento chino, lo que el relato desprende es una absoluta realidad de situaciones y, especialmente, de sentimientos como la soledad y la angustia, compartidos por dos hombres golpeados por sucesos del pasado y cuyo encuentro fortuito cambia para siempre las vidas de ambos.
Junto a Darín, el otro protagonista de la historia es, claro está, el chino, a quien interpreta el taiwanés Ignacio Huang, también esplendido a la hora de dar la réplica a Darín. Huang es en la película Jun, un joven que llega a Buenos Aires en busca de su único pariente emigrado a Argentina hace muchos años. Nada más llegar, le roban en un taxi del que le arrojan en mitad de la calle, y tiene la gran suerte de encontrarse con Roberto, el ferretero de vida ordenada, que movido por la compasión le acoge en su casa después de que ni la policía ni la embajada china se ofrezcan a cobijarle. Para Roberto, la situación no puede ser más caótica, porque toda su vida está construida en torno a sus manías, como la de apagar la luz por las noches exactamente a la misma hora o contar uno a uno los clavos de las cajas para comprobar si le el fabricante ha vuelto a intentar timarle.
Así es que durante buena parte de la cinta, Roberto hace todo lo posible por desembarazarse de ese invitado a la fuerza con quien, encima, no puede comunicarse. Y por su parte, el silencioso chino va haciendo todo lo que se le manda, sin que hasta muy al final consiga contar a Roberto qué es lo que le obligó a viajar a Buenos Aires. Será el momento en que todos esos recortes de viejos periódicos con noticias sorprendentes que a Roberto le gusta recortar y pegar en un álbum, cobren sentido.
Rodada en la capital argentina y en la Ciudad de la Luz de Alicante, la película, que llega a nuestro país precedida por un importante éxito en su país, se caracteriza también por el cuidado detalle visual que recrea con mimo los lugares donde se desarrolla y por la música del argentino Lucio Godoy.