El viaje ético a la Amazonía de Roger Casement
lunes 20 de junio de 2011, 21:41h
El diplomático irlandés e independentista Roger Casement (1864-1916) fue de los primeros activistas en proponer una revisión de los derechos territoriales de los países occidentales sobre la tierra sojuzgada, defender los derechos de los indígenas en la línea de Bartolomé de las Casas, pedir una responsabilidad social corporativa y un comercio justo y exigir la igualdad de los sexos. Ediciones del Viento, editorial exquisita que dirige con entusiasmo Eduardo Riestra, acaba de publicar los Diarios de la Amazonía de Casement, un testimonio imprescindible para conocer el desastre colonial en el último tercio del siglo XIX.
Amigo de Joseph Conrad –fue Casement quien le inspiró El corazón de las tinieblas con su aventura africana del sangriento Congo de Leopoldo II de Bélgica– y protagonista de la última y magistral novela de Vargas Llosa, El sueño del celta (Alfaguara, 2010), el relato de Casement se erige ante el lector no sólo como una fascinante novela de aventuras, una crónica periodística de primer orden, sino también como un sólido ensayo de ética y antropología escrito por un testigo de excepción, enviado por el gobierno británico para investigar el estado en el que se encontraban los doscientos súbditos barbadenses que trabajaban para la multinacional explotadora del caucho Peruvian Amazon Company. Lo que allí se encontró Casement, “escoltado” por cinco inspectores de la propia compañía, es uno de los documentos más extraordinarios de la aventura y del activismo social más contundentes jamás escritos.
Casement ataca con saña la base de la política económica del mundo occidental y recoge en su diario las terribles consecuencias de la devastación de las selvas tropicales sudamericanas y de la cuenca del Amazonas. El caucho era demandado a un alto precio humano por las principales potencias europeas y norteamericana: los neumáticos, las piezas para el sector industrial o para los tendidos eléctricos que empezaban a peinar el mundo “civilizado”, se cobraban en sangre el precio de miles de vidas humanas, de indios (también de mujeres y niños) que perecían torturados, violados, golpeados, explotados, reventados… La historia arroja la cifra de decenas de millones de nativos exterminados en el Estado “Libre” del Congo y en la Amazonía en este tiempo del horror.
La revista Truth levantó la liebre en 1909 de lo que estaba sucediendo en la región del Putumayo, en medio de Perú, Colombia y Brasil. UN ingeniero habló para un periodista y no tuvo empacho ninguno en contar lo que allí estaba ocurriendo. Casement acudió a la zona, comisionado por el Ministerio de Asuntos Exteriores –que había recibido presiones de la Sociedad Antiesclavista y Protectora de los Aborígenes–, en una misión peligrosa y bajo la amenaza constante de la disentería: el transporte y los enlaces pertenecían a la propia compañía responsable de las muertes. Casement y los cinco agentes supervisores elegidos por la Peruvian partieron de Southampton y, tras hacer cala en Madeira, llegaron finalmente a Belén do Pará, desde donde se encaminaron río arriba en diferentes tiempos al corazón del horror: el campamento de La Chorrera.
Lo que el lector va a encontrar en este formidable volumen satisfará con creces sus expectativas. El estilo conciso, febril, duro, verídico y aventurero de Casement deja muy atrás la recreación de Vargas Llosa; la narración original –ver también La tragedia del Congo, recopilación de textos de Casement, Twain, Cpnan Doyle y George W. Williams, publicado como no podía ser de otra forma por Ediciones del Viento– revive en el momento de la lectura cada día de las diez semanas que Casement pasó descubriendo las tropelías cometidas contra los indios. Su idea del buen salvaje y su plena entrega a la causa indígena del Putumayo, en los estertores del siglo romántico, inciden una y otra vez en su espíritu revolucionario.
El indígena americano le recuerda al congoleño y, en un ejercicio de birlibirloque político, al nativo irlandés. “El sistema no era más que esclavitud descarada de principio a fin […], según la mentalidad del hombre blanco, el indio sólo existía para producir caucho”. Todo el Diario de la Amazonía es un impulso y un grito de libertad: “Mi esperanza es que al llevar a Europa algunos de estos indígenas allí desconocidos logre que haya gente poderosa que se interese por ellos y, al mismo tiempo, el destino de toda la raza que queda aquí, en el tajo. Harley House y la A.P.S. colaborarán y utilizarán a los chicos si la cuestión se llega a convertir en campaña pública contra esta esclavitud y exterminio infernales”.
El libro contiene además un precioso mapa testimonial y contemporáneo de la zona territorial del río Putumayo y decenas de fotografías, cartas y documentos que aportan plasticidad al emotivo y espeluznante relato de Casement, quien fue ahorcado el 3 de agosto de 1916, acusado de alta traición, por militar en la causa irlandesa. Así pagan los reyes los trabajos y los días de sus mejores súbditos. Gran lección de vida la de Casement e ímproba y valiente tarea la de Ediciones del Viento.