www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Cortocircuito en Malvinas

martes 21 de junio de 2011, 14:37h
La semana pasada, el premier David Cameron y la presidente Kirchner intercambiaron lindezas en torno al conflicto de Malvinas. El británico, corrido en el parlamento declaró, con el tacto de un elefante, que ese conflicto ya tuvo “un punto final” y que no piensan discutir ni escuchar nada. La mandataria argentina lo calificó personalmente de arrogante, una “expresión de mediocridad, casi de estupidez” por parte del jefe político de “un poder colonial en declinación.” Argentina lleva casi tres años sin designar embajador en Londres.

Las Malvinas terminarán cambiando su actual estatus de soberanía. No van a continuar demasiado tiempo histórico como territorio colonial ni volverán –total o parcialmente- al dominio argentino a través de la derrota de Gran Bretaña y el disgusto de los isleños.

Esto puede anticiparse por el curso que la Historia viene tomando desde el fin de la II Guerra: el Reino Unido lo entendió adecuadamente y se retiró de la mayoría de sus colonias con un bajo costo final. Pero en Malvinas nunca lo hizo: la población es toda británica y la corona no quiso torcer su voluntad, mucho menos después de 1982.

La política debe mucho a las ciencias del rumbo. A veces un velero es impulsado en una dirección por las corrientes marinas y, al mismo tiempo, en otra muy distinta hacia donde soplen los vientos. Tensamente solicitados por tales empujes contrapuestos, esas naves terminarán corriendo la suerte que emane de la sabiduría para balancearlas que exhiban sus timoneles.

Es lo que pasa en este conflicto. Por un lado, Argentina cuenta con mejores derechos, por el otro, Gran Bretaña es mucho más fuerte: el viento y las corrientes ciertamente difieren en Malvinas. El mundo critica, por lo bajo, la arrogancia británica de negarse a discutir en base al derecho, pero sintió alivio por el resultado del conflicto de 1982, porque por muchas décadas lo habilita para ignorar virtuosamente los reclamos argentinos. La patética oquedad de los Secretarios Generales de Naciones Unidas ejemplifican sin afeites a esa aliviante impotencia universal.

Cuando vientos y corrientes se contradicen, triunfan los navegantes que aprenden a tomar en cuentan a los dos, no a uno solo. En esa perspectiva, los gobernantes que prefieren intercambiar agravios terminan, de ambos lados, halagando el oído de sus constituencies electorales, pero dejan al garete a la solución del conflicto.

Tarde o temprano, el tema de Malvinas va a solucionarse, en una ecuación que seguramente no será la actual ni la que cada parte aspira por separado. Si no trabajamos en esa dirección, seguiremos condenados a perpetuar la advertencia de Séneca: ningún viento es favorable para el que no sabe adonde va.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios