Cumbre panárabe
La Liga Árabe: "Siria debe dejar de interferir en los asuntos políticos de Líbano"
martes 01 de abril de 2008, 17:52h
Líbano sufre una crisis política desde que el presidente Emil Lahoud cesó en el cargo el pasado mes de noviembre y la imposibilidad de que los diferentes partidos, pro sirios y anti sirios, se pongan de acuerdo, ha hecho que el próximo veintidós de abril ya sea la decimoctava intentona. En el discurso de apertura del presidente sirio, Bashar Assad dejó claro que su país no mete la mano en la vida política de Líbano a pesar de que “se ha hecho presión sobre Siria durante este año para que ejerza su influencia en Líbano, pero Damasco ha dicho que no”, declaró Assad en su alocución.
Siria ha sido acusada en repetidas ocasiones de continuar ejerciendo su influencia en Líbano desde que retiró a su ejército del país en 2005, tras casi treinta años de presencia en el país de los cedros.
Los países árabes que se han negado a asistir a la cumbre acusan a Damasco de ser responsable por el punto muerto en que se halla la política libanesa, y temen una nueva guerra civil si Siria no deja de interferir. Cien mil personas murieron como consecuencia de la que tuvo lugar entre 1975 y 1990. La economía libanesa tampoco logró eludir los devastadores efectos de la última guerra civil.
Arabia Saudí, a través de su ministro de Exteriores, el príncipe al Faisal, considera que “debe haber un castigo” para los países miembros de la Liga que no cumplen lo consencuado. Una de las propuestas para solucionar la crisis pasa por un paquete de acuerdos entre las diferentes facciones en conflicto, que según el representante de la Liga Arabe, Amr Moussa, se discutirán en una próxima reunión en Líbano.
Inevitablemente se habló, como en todas las cumbres panárabes, del conflicto palestino-israelí durante los dos días que duró la conferencia. Volvió a ponerse encima de la mesa la iniciativa de paz árabe propuesta en 2002, aunque no parece que tenga demasiadas posibilidades de prosperar. Esto se debe a que uno de los requisitos que pretenden imponer para alcanzar una solución pacífica para el conflicto es la devolución de todos los territorios que pasaron a pertenecer a Israel tras la Guerra de los Seis Días en 1967, algo que el Estado hebreo se niega en rotundo a hacer. Al menos, de momento. Asimismo, Israel ha rechazado frontalmente la cuestión del retorno de los refugiados palestinos. Sin embagro, y a pesar de que no parece dispuesto a ceder en los aspectos fundamentales, Israel parece más abierto a las propuestas árabes que otros años.