Zapatero: funeral político de cuerpo presente
José Antonio Sentís
x
directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 29 de junio de 2011, 21:26h
El colmo del narcisismo es presenciar en vida el propio funeral. En el caso de Zapatero, por fortuna no se trata de un asunto literal, sino exclusivamente político, y hay que recordar que los muertos políticos suelen gozar en vida posterior de buena salud, lo que deseamos. Pero hay que reconocer el morbo de preparar las propias exequias parlamentarias con todo el ceremonial, con llantos de los fieles (entrañable la diputada Oramas) y razonable compasión de los rivales.
El presidente del Gobierno ha decidido acabar (ya veremos cuándo, que no será muy tarde) su estancia en el cargo con un cuidado ritual. Aparentemente, completando un testamento aceptable, aunque haya dilapidado la herencia familiar. Realmente, buscando una adhesión compasiva a su imagen, para que la historia le trate como buen chico y no le maltrate con sus debilidades como gerente de la compañía España.
El más entregado en las honras fúnebres ha sido Rubalcaba, que le aplaudió a rabiar en sus penúltimas intervenciones parlamentarias. Pudo ser sincero el sucesor en el PSOE, pero se antojó bastante sobreactuado su impulso emocional hacia el líder a un metro de distancia en el banco azul.
Pero no sólo él. Los diputados socialistas se emocionaron en esta larga ceremonia de despedida de la vida terrena del poder. Fue conmovedor, especialmente porque lo que más se jaleaba de Zapatero era su renovado mensaje social, esa eterna promesa que siempre le ha acompañado para explicar a la gente que es el que más hace para beneficiar a los trabajadores que cada día tienen menos trabajo.
Es preciso reconocer que el papel de Zapatero no es nada cómodo, independientemente de que lo verdaderamente incómodo es que haya dejado España como un erial. No es fácil bajarse del pedestal. Pero tampoco es necesario montar el espectáculo de una despedida heroica para quien ha perdido batalla tras batalla.
Al final, lo que se consigue con ese deseo de recibir en vida la elegía funeraria es un río de lágrimas de cocodrilo. De los suyos, los primeros, pues hay que oírles cuando contemplan el mustio collado en el que Zapatero ha convertido su partido. Y de sus aliados, después, porque sus sollozos no son tanto por el amigo caído, sino por la ubre perdida, si es que la nueva vaca no tiene mayoría absoluta.
En todo caso, Zapatero tiene el derecho a pensar que el pueblo español es injusto con él. Con lo que él ha trabajado para el pueblo. Y tiene también el derecho de reclamar un poco de cariño, ahora que se va. Pero, como no percibe todavía el amor popular, alarga y alarga la despedida, como el cantante de ópera que no quiere perderse un solo aplauso antes de que el telón baje definitivamente.
Aceptémoslo así, finalmente. Si para que se vaya Zapatero hay que inundarle a elogios, hagámoslo. Es posible, sin embargo, que con la carta de amor de la diputada canaria, haya sido suficiente, y Zapatero se haya decidido ya a convocar elecciones en otoño. No porque no aguante más, sino porque él es el presidente del Gobierno, y convoca cuando le da la gana. Y que se aguante la oposición: convocará en otoño, mientras caen las hojas rojas de los arces y la barca en llamas se aleja con su túmulo mar adentro.
|
Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
|
directorgeneralelimparciales/15/15/27
|