www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Una mirada larga sobre Bildu

jueves 30 de junio de 2011, 14:44h
Se oyen algunas expresiones un tanto apocalípticas acerca de la llegada de Bildu a la Diputación de Guipúzcoa y al Ayuntamiento de San Sebastián que no comparto, aunque mi posición para nada tenga que ver con el buenismo o el panglossianismo, (ya se sabe esa invitación perennne a “desdramatizar” del personaje de Voltaire) que sencillamente siempre me han parecido estúpidos. No me ha gustado desde un punto de vista democrático que una fuerza tan equívoca como Bildu haya recibido el apoyo popular con que ha contado, con un peso institucional en Ayuntamientos y diputaciones, incrementado en virtud de una política de alianzas francamente mejorable. Hasta cierto punto, ello en parte es consecuencia de una discutible sentencia del Tribunal Constitucional, que no obstante considero totalmente asumible, como no puede ser de otra manera ,y sobre todo de un debate preelectoral que centrándose exclusivamente en los aspectos jurídicos ha descuidado la crítica política de una opción con tantos aspectos deplorables como era la de Bildu.

Desafortunadamente muchos han podido entender el reconocimiento del derecho de Bildu a tomar parte en las elecciones como una recomendación a su favor. Establecer que algo es lícito o posible en términos constitucionales no supone que sea razonable y mucho menos recomendable. Pero a mi juicio la situación actual de Bildu, que constituye el centro de la problemática vasca, resulta incomprensible sin considerar el marco indisponible en que tiene lugar y que no es otro que el de un sistema democrático y el del estado de derecho.

Desde el punto de vista democrático, creo que los apoyos de Bildu son coyunturales. Lo reconocía el propio diputado general de Guipúzcoa en recientes declaraciones cuando atribuía a los votos de la coalición, como a los de las demás fuerzas políticas, el carácter de prestados. Buena parte de los votos de Bildu deben tomarse como un respaldo a la política de presión a Eta para que abandone la lucha armada. Bildu cree que la omisión de referencia a Eta es perfectamente posible, camuflada en el balance empatado entre los crímenes de Eta y la violencia atribuible al Estado. Se equivoca de medio a medio. Cuando se normalice la situación en el País Vasco el debate sobre el tiempo de miseria y silencio (el tiempo “de los asesinos, los mirones y los sordos”, como se dijo respecto de la época nazi) será imprescindible y el veredicto en contra de Eta tendrá unos efectos devastadores para quienes la apoyaron y para quienes la toleraron.

Entretanto convendría en relación con el ejercicio del poder por parte de Bildu en las instancias correspondientes afirmar dos cosas. Primero, que en una democracia los poderes públicos tienen competencias tasadas, que se han de ejercer en el marco de sus atribuciones y en consonancia con las actuaciones de otros sujetos públicos que tienen asimismo legitimación popular. El poder público, se sabe bien, en el País Vasco está especialmente repartido, en sus niveles local, foral, autonómico y estatal, y desde ese punto de vista es especialmente debilitado, dada la orientación política de cada rama de gobierno. Además existe otro factor de moderación, si se quiere ver así, en toda democracia: cada autoridad ha de desempeñar su papel, con una actuación institucional, no olvidando que su gobierno es el de toda la comunidad más allá de la base partidista con cuyo apoyo llega y se mantiene en el poder.

Vivimos, en segundo lugar, además de en una democracia en un estado de derecho. 300.00 votos no pueden quebrar un ordenamiento jurídico plenamente vigente y con todos su resortes de poder. De manera que la desobediencia de las leyes y de la Constitución no son posibles sin la responsabilidad consiguiente. Nadie, ninguna autoridad del Estado, se encuentra más allá de la ley. Las leyes pueden cambiarse, pero mientras se encuentran vigentes obligan y han de cumplirse. No puede ser de otro modo, como resulta de una cultura constitucional que conoce todo el mundo, pues el sistema jurídico del estado de derecho dispone de mecanismos suficientes para imponer la observancia, el “imperio” de la ley, a todos, empezando por las autoridades. Seguro que nadie estará pensando en desbordar el ejercicio de los poderes del estado, de modo que se incumplan las normas, por ejemplo, sobre los símbolos o las banderas, o se quebranten las sentencias de los tribunales, en relación con el cumplimiento en los estrictos términos impuestos de las condenas, conforme a la legalidad. Pero tampoco está disponible el marco constitucional o estatutario, para poner en marcha actuaciones constituyentes o soberanistas que el sistema constitucional no admite. Basta recordar la experiencia del Plan de Ibarretxe o la suerte de algunas reformas estatutarias, en ambos casos sin recorrido alguno.

De manera que veamos las cosas , también en el caso de Bildu, si es posible, con una mirada algo larga… Quizás el panorama está más despejado de lo que parece a simple vista.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.