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Alfano, para el post-Berlusconi

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 03 de julio de 2011, 18:55h
El pasado viernes, se celebró el Consejo Nacional del Pueblo de Libertad (PDL), ocasión en la que se creó la figura del secretario general, Angelino Alfano, elegido por unanimidad. De esa manera, el actual Ministro de Justicia fortalece su posición como posible sucesor de Berlusconi, descartando unas posibles primarias y poniendo de manifiesto el intento de silenciar y sofocar las voces discordantes dentro del partido.

Aunque más que un Congreso de un partido parecía un desfile de moda, debido a la belleza de muchas de las diputadas y militantes del Partido de Berlusconi, fue un acto de un alto valor político. Berlusconi no perdió la ocasión de arremeter contra la Justicia y de amenazar con aprobar la llamada ley mordaza que limitaría el uso y la difusión de las escuchas telefónicas en las investigaciones judiciales –proyecto aparcado hace un año y que fue uno de los detonantes de la crisis dentro de la mayoría de centroderecha que concluyó con la separación de Fini. El discurso del cavaliere resultó bastante bochornoso, cansado, repetitivo. Incluso en algunos momentos sonó patético e, injustificadamente, megalómana como cuando afirmò que los ciudadanos “deberían hacerme un monumento” refiriéndose a su cuestionable gestión política: temo que el monumento que estarían dispuestos a hacerle los jóvenes parados, el 29,6% de la población, el más alto de Europa, no le complacería). Por lo que concierne la ley mordaza, difícil creer sus palabras de que una ley que representa una violación de la libertad, una limitación, pueda servir para garantizar mayor libertad. Absurda su afirmación sobre la necesidad de esta ley ya que los “los ciudadanos cuando levantan el teléfono tienen que temer que la conversación sea violada e interceptada para que después vaya a los periódicos”: creo que a ningún periódico le puedan interesar mis conversaciones con mis abuelos sobre la Resistencia partigiana, con mi padre sobre Cavani o con mis amigos sobre la Carfagna. Quien teme, algo esconde. Además, ¿no hay otras prioridades? Y, aún más discutible han resultado sus palabras sobre la necesidad de reformar la “estructura constitucional” del Estado y la Justicia, garantizando mayor poder al Ejecutivo, un presidente “más fuerte e intocable”: suena al Padrino, a todo en mano de uno que impunemente puede realizar su gestión político-economica.

El nombramiento de un secretario resulta un acto cargado de simbolismo, de indudable valor en un partido presidencialista, desde siempre centrado en la figura de Berlusconi. De hecho es la primera vez desde el 1994, cuando el cavaliere entró en política prometiendo cambiar Italia (quien sabe que si no lo ha conseguido…). El ascenso de Alfano representa el premio por su labor judicial, su vena creativa a la hora de presentar tantas leyes ad personam para salvar Berlusconi de la “persecución judicial”.

Bien, el primer discurso de Alfano ha parecido cargado de retórica, de pedantes agradecimientos a Berlusconi, incapaz de atraer un electorado que pide reformas, cambios, un verdadero salto hacia al futuro de una clase política anacrónica e investigada. La figura de Alfano genera perplejidades: no tanto por su persona como por su capacidad de desmarcarse de Berlusconi y actuar libremente. Ya muchos le tachan de “secretario del Presidente”. Puede que más que un delfín, sea un testaferro, una especie de títere que Berlusconi espera poder manipular para seguir mandando, abandonando el escenario político, pero no el poder. Descartada una sucesión inmediata, de momento Alfano no cuestiona el liderazgo de Berlusconi y le señala como próximo candidato en la elecciones políticas de 2013.

Cara al futuro, el secretario debe enfrentarse a dos difíciles desafíos: por un lado presentar un programa político nuevo, creíble y eficaz, capaz de recuperar el apoyo de un electorado insatisfecho por la actual gestión política del Gobierno; por otro lado, le tocará mediar y buscar la manera de superar la grieta que se está abriendo en el centro-derecha entre una Lega Norte cada vez más pretenciosa, secesionista y caprichosa (la gestión del decreto-basura ha sido desastrosa, hasta vergonzoda) y una derecha insatisfecha con el actual Presidente del Gobierno, al que insta a mayor transparencia y vinculación con los intereses nacionales. Por último, Alfano ha insistido que el PDL será –literalmente- un partido formado por personas “honestas”, que no están investigadas. Mirando al auditorio presente, parece una afirmación pretenciosa, la primera promesa electoral irrealizable o ¿echará a Berlusconi y a más de la mitad del Partido?

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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