¿Su éxito no tiene límites?…Me hacen reír mucho estas cosas. Siempre he dicho que la belleza es un borrón en mi currículum. Los que quieran seguir viendo en mí sólo a un chico guapo ¡¡es su problema!! Yo intento demostrar que ser, más o menos agraciado, es una anécdota de la vida. No he tenido que ir por la vida pidiendo perdón por haber nacido así, pero han tardado más en descubrir mis valores como actor… ¡¡aunque esta cara también me ha permitido ligar mucho!!
Sin duda, es el máximo exponente del rompecorazones…¡Qué haríais sin las leyendas que nos cuelgan! Me casé a los 22 años, porque me di cuenta que salir de juerga todas las noches, beber más de la cuenta y ligar cada noche con una chica distinta… era algo que no daba ningún sentido a mi vida. Viví al límite hasta los 19. Fue enriquecedor y, al mismo tiempo, muy caótico…
¿Qué le hizo reaccionar?Conocer a la que fue mi mujer, Sadie Frost. Nos conocimos en mi primera película y yo, que no creía en el flechazo, me quedé prendado de ella. Nos casamos muy jóvenes. A los siete años de matrimonio ya teníamos tres hijos…
Y se convirtió en un “hombre de bien”…(risas) Me convertí en padre, que es lo mejor que me ha pasado en la vida. Después del divorcio, me refugié en el trabajo e hice 6 películas en dos años. Todas en Londres, porque quería estar al lado de mis hijos, disfrutar de ellos. Les vi crecer más de cerca, compartimos juegos, nos divertimos en el cine, fuimos de excursión…
¿Son ellos conscientes de su fama?Lucho para que no sea así. Ellos no ven mis películas. Saben que papá viaja mucho y no hacen más preguntas. Para ellos soy sólo “papá”, el que les lleva al parque a jugar, el que les prepara las tostadas por la mañana, o les lee cuentos antes de dormirse. No quiero que se sientan diferentes por tener un padre conocido…
Cuenta la leyenda que, cuando uno de sus hijos aprendió la palabra “paparazzi”, casi se desmaya del disgusto…¡Es cierto! Mis hijos no tienen la culpa de la popularidad de su padre, ni por qué arrastrar lo negativo de la fama. A raíz del divorcio vivieron situaciones de acoso, que me habría gustado evitarles. Quiero que lleven una vida natural, como la del resto de sus amigos…
¿El éxito acabó con su matrimonio?Una pareja se separa porque se acaba el amor, el respeto, la comunicación. Daría lo que fuera por no haber vivido ese desamor. Divorciarse es una experiencia tremenda, muy traumática… Si además le añades que, todos los días, desayunas con los grandes titulares de los periódicos hablando de ello, la situación es insostenible…
¿Añora esa vida familiar?Nunca miro lo que se ha quedado en el camino. Fui feliz como hombre casado, pero el dolor emocional que me produjo el divorcio… a veces lo tengo presente. Mi mejor terapia ha sido el trabajo. Cuando se acabó el amor yo me refugié en mis hijos. Los tres han sido mi motor, desde que nacieron, y mi tabla de salvación en los años de desamor. Mi vida gira a su alrededor y, cuando tengo la sensación de que mi vida privada está siendo invadida, me brota un instinto de protección ilimitado…
Tiene fama de dejar en “estado de shock” a las periodistas que le entrevistan...(carcajadas) ¿En estado de shock? Tiene gracia, ¿tú lo estás?
Bueno, un frasco de sales no me vendría nada mal...(risas)No hay nada como que te creen una fama, ¿verdad? Todo tiene el mismo orígen: ser sexy, elegante, guapo, metrosexual, dandy...¿Sabes quién es para mí el dandy por excelencia?
¡Sorpréndame! David Beckham… Él sí lo es. Le gusta la moda, la vive con intensidad y crea moda. Eso es ser un dandy y no yo, que no me preocupo ni de lo que tengo que ponerme cada mañana. Yo con una camiseta de algodón, un vaquero y una blazer ¡soy feliz! El mundo está lleno de hombres atractivos y elegantes. Si yo no fuese con la fama en la cara todo el día, nadie me miraría por la calle (risas)...