El ejercicio de la democracia entre los militantes de Izquierda Unida
martes 05 de julio de 2011, 00:51h
El PP gobierna desde ayer en la Junta de Extremadura. Para empezar, debemos resaltar que ello ilustra y subraya el desastre electoral del señor Zapatero. Por otra parte, lo ocurrido no debiera sorprender, toda vez que el PP fue el partido más votado en las pasadas elecciones autonómicas. Lo que hubiera requerido una explicación –posible pero parlamentaria- sería lo contrario. El PP se quedó a las puertas de la mayoría absoluta, por lo que precisaba ayer que los tres diputados regionales de Izquierda Unida no obstaculizasen su investidura. Y así fue, pese a la opinión del coordinador nacional, Cayo Lara, quien hizo todo lo posible para evitar que Monago fuera elegido presidente autonómico.
A nadie escapa que, ideológicamente, la sintonía de Izquierda Unida con el PSOE es mucho mayor que con el PP. Pero eso no implica necesariamente caminar siempre en la misma dirección. Los socialistas dejan una Extremadura muy deprimida económicamente, con una elevada tasa de paro y unos niveles de gasto público difíciles de asumir. Han hecho y deshecho a su antojo durante todos estos años y el resultado a la vista está. Tanto, que más del 75 por ciento de las bases de Izquierda Unida consultadas manifestaron su intención de que Fernández Vara –el presidente extremeño del PSOE- no repitiese mandato. Y la dirección local extremeña ha obrado en consecuencia. Lo que han hecho los militantes de Izquierda Unida no ha sido sino entender que la alternancia es la higiene de la democracia. Y Extremadura necesita mucha higiene, tras demasiados años de un partido en el poder.
Pocas veces en España los partidos políticos dan muestra de democracia interna, como ha sido el caso. Y, para una vez que sucede, debe respetarse. Sobre todo Cayo Lara quien, por muy coordinador nacional que sea, no puede tener más voz que la inmensa mayoría de su militancia en Extremadura.