TRIBUNA
Cadena perpetua
jueves 07 de julio de 2011, 08:51h
En 1994 F. Darabont dirigió una gran película protagonizada por Tim Robbins (Andy Dufresne) y Morgan Freeman (Red), Cadena Perpetua. Los lectores recordarán que trataba de la clásica película sobre la vida en un centro penitenciario -concretamente el de Shawshank-, con la consecuente previsible fuga. A parte de la tenacidad, paciencia y brillante plan de fuga de Dufresne, que logra ganarse la confianza del Alcaide de la prisión y hacerse necesario por sus sólidos conocimientos contables, hay una trágica realidad que plantea la película cuando un interno lleva demasiados años en la cárcel. Se trata de la institucionalización, consiste en que llevas ya tanto tiempo en prisión, que tu vida, lo normal, a lo que te acostumbras, conoces y dominas es la privación de la libertad, de forma y manera que cuando uno sale de la cárcel la vida, la libertad, lo que para cualquier ciudadano normal es básico y esencial, para el preso institucionalizado es insoportable. De hecho, ya mayor, uno de los compañeros de Andy y Red cumple su pena y logra la libertad, a los pocos días de conseguirla acaba por ahorcarse en la humilde habitación de un hotel. Incluso a Red (Morgan Freeman) casi institucionalizado, pasa por la misma tentación de la horca en la misma habitación meses más tarde cuando logra salir.
La institucionalización es perder el sentido de la realidad, dejarse llevar por la costumbre, por lo cotidiano, por lo que llevas muchos años haciendo, por lo que hacen todos los que te rodean. La institucionalización es ver normal lo que no lo es, es ver la libertad como angustia, y la prisión como vida, es la perversión de los valores más esenciales del ser humano, cuando la rutina de lo absurdo se convierte en normalidad. En principio todo el mundo desea la libertad y nadie desea la cárcel. En alguna medida la institucionalización es perder la perspectiva de las cosas, la capacidad de análisis, la justa percepción de la realidad, es aborregarse, ser como los que te rodean, hacer lo que hacen los que están contigo.
En cierta medida, en grado parecido, la política tiene ese peligro de la institucionalización, de perder el sentido de la realidad, de dejarse envolver por un ambiente que te transforma, que te cambia. Muchos políticos, especialmente los que se denominan profesionales de la política, que llevan toda la vida en política y no han hecho otra cosa que trabajar en ella, corren ese peligro, sin duda ninguna. Poco a poco uno entra en una dinámica de coches oficiales, escoltas, conductores, jefes de gabinete, muchas secretarias/os, grandes comidas, viajes, asesores, televisión, radio, prensa, fama, mover enormes cantidades de dinero…, al final una persona tiene que estar interiormente muy formada para no perderse, para no acabar creyéndoselo y, sobre todo, para no separarse de la realidad. ¿Qué es la realidad? Ir en autobús, en metro, no perder el contacto con la calle, pero no como un gran líder, si no como un ciudadano normal, de vez en cuando hacer la compra, pasear por tu barrio, etc. Para no institucionalizarse la clave es no dejar de ser ciudadano, como señala bien mi amigo Marc.
Hoy la política española precisa de aire fresco, de ciudadanos que den un nuevo estilo a nuestra política, que no vean normal lo que realmente no es normal. Nuestra política hoy tiene demasiado de frivolidad, de cinismo, de dar por bueno demasiadas cosas que no lo son. Se ha perdido mucho del sentido finalista que tiene la política, de vocación de servicio, de decir la verdad por dura o incómoda que sea, de mantenerse firme en las actuaciones complicadas, en los espacios tibios o farragosos. Los españoles están pidiendo a gritos una nueva forma de hacer política, ese por ejemplo era el mensaje inicial del movimiento 15 M. Vivimos momentos difíciles, donde hace falta mucha templanza, firmeza y prudencia. Nuestra vida pública precisa de cambios profundos, especialmente en las actitudes, en las predisposiciones. Quien ande este necesario camino desde luego no lo tiene nada fácil, pero seguro que el tiempo al final pondrá a cada uno en su sitio, como Andy en Cadena Perpetua, los planes que merecen la pena siempre son a largo plazo y lo importante es el resultado final, en el trayecto hay que saber sufrir.