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¿Ni Carstens ni Moratinos? Iberoamérica pierde

jueves 07 de julio de 2011, 21:27h
Nos enteramos por El Imparcial en el escaso lapso de poco más de una semana, que ni el exministro de exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, sería director de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ni el director del Banco de México y exministro de Hacienda, Agustín Carstens, presidiría el Fondo Monetario Internacional (FMI). También sabemos que al FMI desde el 5 de julio de 2011 lo preside la francesa Chistine Lagard.

Antes de ir de prisa y pasar sendas páginas, las noticias referidas merecen un par de consideraciones y nos mueven a la reflexión. En ambos casos se trataba –a mi leal saber y entender– de personas preparadas y con la capacidad de dirigir los respetivos organismos internacionales para los que se candidatearon.

Los dos organismos viven momentos aciagos. La primera de estas reputadas instituciones enfrentaría la hambruna mundial que ya antes nos ha advertido, debida al cambio climático; y el FMI está en medio de la crisis mundial más severa desde 1929 y con el trasfondo de la crisis de la zona euro, cada vez más insondable en su profundidad y alcances.

Para el caso del exministro español Moratinos, que tenía una presencia reconocida en el ámbito diplomático internacional más allá del mundo iberoamericano o mediterráneo y europeo, si juzgamos su desempeño y que por su propio cargo era conocido y muy bien reconocido, resulta entonces una pena que al final, fuera apartado de la posibilidad de encabezar el importante organismo perteneciente a las Naciones Unidas.

Para el caso de Agustín Carstens, personaje bien recibido en medios financieros, tenía además de su trayectoria mexicana, el antecedente de haber sido director ejecutivo del propio Fondo Monetario Internacional. No le ha valido para vencer la candidatura de la ministra francesa de finanzas.

Resultó desconcertante y penosa la declaración atribuida al mexicano José Ángel Gurría (de extracción priista) –quien preside como secretario general la OCDE– diciendo que apoyaba la candidatura francesa antes que la de su connacional Carstens, quien colaboró con el gobierno de Felipe Calderón de extracción panista, partido opuesto al PRI. Va a ser cierto aquello de que el peor enemigo de un mexicano lo es otro. Quizás Gurría olvidó que en su momento, los panistas sí apoyaron su candidatura. Y más sorprendente terminó siendo un argumento, a partir del cual se decía, que al candidato mexicano no se le conocía ningún manejo de crisis económica y la solución idónea para ella. Para ser sinceros y sensatos, a la ministra francesa tampoco. A estas alturas no nos vamos a contar historias.

Empero se deslizó el dato de que Europa acarreaba conflictos diversos y deudas con el FMI y que la candidatura francesa paliaría, aminoraría el escándalo y de alguna manera, amortiguaría cualquier medida de represalia de parte del organismo financiero. Cierto o no, la francesa se alzó con el puesto cuando China y Estados Unidos, tras pensárselo, aclamaron su nominación.

En todo caso, ya los países centroamericanos por ejemplo, han lamentado que Carstens no ganara la titularidad del FMI y otros países iberoamericanos claman para que el organismo sea sensible a la región.

Sin lugar a dudas, en definitiva, no alcanzar el puesto máximo de ambas instituciones, hace que Iberoamérica pierda. Que pierda dos estupendas oportunidades.


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