catedrático de Literatura Española
Javier Huerta Calvo: "Federico García Lorca nunca fue sectario"
viernes 08 de julio de 2011, 17:23h
El lunes 11 de julio comienza un Curso de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial, dirigido por el catedrático de Literatura Española Javier Huerta Calvo, sobre “La Barraca de García Lorca: ayer y hoy de una utopía teatral”. Numerosos especialistas rompen ideas preconcebidas y estereotipos sobre este hecho crucial y mítico de nuestro teatro.
Es de suponer que este curso se basa en la experiencia del “Instituto de Teatro” de la Facultad de Filología de la Complutense, que usted puso en marcha a partir de 2008.
En buena medida, así es. Desde el inicio habíamos pretendido no quedarnos solamente en el ámbito filológico y académico, sino dar el paso a la práctica escénica. Lo habíamos hecho con algunas actividades, alguna pequeña representación o lectura dramatizada. Ya se estaba consiguiendo con el Máster de Teatro y Artes Escénicas porque la mayoría de los alumnos que se han matriculado - una legión- viene del mundo del teatro, de manera que se han creado incluso nuevos grupos. Ahora mismo hay uno en la sala “La Bagatela”. Pese a los pocos recursos, tenemos el apoyo y el entusiasmo de los estudiantes. Algunos de ellos ya son excelentes profesionales como, por ejemplo, César Barló, que dirige el grupo teatral “AlmaViva”. Este curso sobre “La Barraca” y Lorca está muy vinculado al paso que queremos dar más decididamente para conectar lo universitario y lo escénico.
Esos vínculos entre conocimiento y práctica teatral fueron muy estrechos en “La Barraca”. ¿Cómo surgió históricamente?
“La Barraca” siempre se asocia a García Lorca. Pero lo bonito es que, en realidad, el proyecto surgió en la propia Universidad. Es decir, no fue un proyecto de Lorca, como algunos creen, y esto lo queremos subrayar. Fue un proyecto de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos, que venía funcionando muy bien desde los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, y que había conseguido un gran prestigio. Entonces, había un grupo muy activo con estudiantes de Derecho, de Filosofía y Letras, de Arquitectura incluso. Entre ellos había nombres ilustres como Díaz Cañabate, Arturo Saénz de la Calzada, incluso Luis Felipe Vivanco. Son los que constituyen el II Congreso de la UFEH, y de ahí sale la idea de hacer teatro. Habían recibido el estímulo de una conferencia de Pedro Salinas, donde les animó a emular a los estudiantes franceses o ingleses, que normalmente hacían teatro en sus Facultades. Así surgió el propósito de formar “La Barraca” y de encargarles la dirección a Federico García Lorca y a Eduardo Ugarte. Pero, en principio, y esto queremos realzarlo, “La Barraca” es una empresa plural y colectiva, conviene subrayarlo.
Un proyecto enseguida apoyado por Marcelino Domingo y Fernando de los Ríos, ministros de Instrucción Pública de la II República. ¿Con un contenido político?
Eminentemente teatral, y por eso tuvo que sufrir las inquinas de la izquierda y la derecha. Lorca fue en esto muy claro. No quiso politizar. Las divergencias ideológicas no debían impedir sacar adelante un proyecto de ese calibre. Por ello hemos hecho un ejercicio de recuperación de una memoria ni unilateral ni sectaria, sino de una memoria integradora. Porque en “La Barraca” había gente de todos los colores, incluso falangistas que fueron asesinados al comienzo de la Guerra Civil, y algunos otros, como Modesto Higueras, que, después de la Guerra, van a formar “La Barraca” digamos en versión franquista, que es el TEU. El TEU es heredero de “La Barraca” y su responsable es Modesto Higueras. Y Modesto Higueras era el actor de confianza de García Lorca. Creo que estamos emperrados otra vez en las dos Españas y eso no tiene sentido. Lorca se negó a ese sectarismo, nunca fue sectario. Y por ello fue hostilizado a izquierda y derecha. Por ejemplo, el auto sacramental La vida es sueño es saboteado por ciertos espectadores tradicionalistas en Soria. Pero, a la vez, la gente de izquierdas tampoco entendía cómo un hombre pretendidamente republicano montase una obra religiosa como es el auto sacramental. Y tampoco entendían que sostuviese que la mayor y mejor tragedia del teatro universal fuera el santo sacrificio de la Misa. Eso lo dice Lorca en el Paraninfo de San Bernardo, delante de las autoridades: estaba Sánchez de Albornoz y todos los responsables del ministerio de Instrucción Pública de la República. Pero es que así era. La mayoría de las veces esto se obvia y nos quedamos, al final, con lo más anecdótico y lo que tanto nos gusta a los españoles, que es el blanco y el negro. Por eso rescatamos esa complejidad a través de una memoria, ya digo, integradora.
¿Qué aportó Lorca a ese proyecto plural y, a la inversa, cómo pudo influir “La Barraca” en el teatro lorquiano?
Ante todo, Lorca contribuyó a una nueva manera de decir los clásicos. Consideraba que el verso no se debía decir de forma declamatoria, enfática. En eso fue bastante anticipador de lo que luego han sido las mejores puestas en escena de los clásicos. Decía que el teatro es la poesía que se levanta del libro para hacerse humana. Hablaba de ese oro viejo sepultado en las arcas: una imagen feliz, pues los clásicos estaban olvidadísimos. También con esa idea que él tenía del teatro como obra de arte total, que va más allá de la palabra. Así, llama a músicos y pintores para que colaboren. En un principio, Lorca piensa únicamente en ámbitos universitarios, y por eso escoge el auto sacramental La vida es sueño. Fue después cuando el proyecto se extendió y entonces Lorca se lanzó a eso otro de llevarlo por los pueblos, que, en realidad, era más bien una idea de las Misiones Pedagógicas, del Teatro del Pueblo de Alejandro Casona. “La Barraca” era mucho más elitista, pero luego se abrió. Eso le vino bien. Así que, a la inversa, “La Barraca” debió resultar fructífera para su propia creación dramática, aprendiendo el efecto que las obras producían en el público.
¿Descubriremos más cosas sobre “La Barraca” en este curso?
Recobramos la figura de Eduardo Ugarte, que ha estado muy eclipsada por Lorca, el estudio de las escenografías, con los pintores que colaboraron en ellas: José Caballero, Benjamín Palencia, Ponce de León… Es importante también descubrir su dimensión hispanoamericana, a partir de los años cuarenta. Se constituyen los famosos teatros rodantes, que empiezan en Puerto Rico, y luego, claro, Margarita Xirgu que, aunque no era de “La Barraca”, difundió su espíritu allí donde estuvo, sobre todo en Argentina y Uruguay. También es importantísimo que se conozca “La Barraca” actual, encarnada por los montajes de “Las huellas de La Barraca”, que patrocina Acción Cultural Española. Llevan en esa labor 6 años con grupos mexicanos, colombianos, chilenos, argentinos. Es una tarea extraordinariamente positiva para nuestra cultura en el exterior, hacer que el nombre de “La Barraca” suene en los ámbitos universitarios de Hispanoamérica. A veces presentan un espectáculo de calle en las plazas, con un espíritu de ruta, y la gente se congrega para verlo. Pese a todos los medios tecnológicos, y que hasta al más remoto pueblo llega Internet, pues resulta que el teatro sigue vivo. Para mí eso es lo más milagroso de este proyecto hoy.
¿Se verá en el curso de El Escorial alguna representación?
Veremos a los “barracos” de hoy. A El Escorial irá el grupo de la RESAD, que va a montar La vida es sueño, el grupo de Chile que monta El joven burlador, el grupo de la Universidad del Valle, de Colombia, que monta la Égloga de Plácida y Vitoriano, y la Universidad Carlos III, que monta Las almenas de Toro. En el curso se conjuga algo muy bonito que es ver lo que fue “La Barraca” acabada Guerra Civil, en América y lo que puede ser hoy para muchos de estos jóvenes.