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Al Gobierno español se le indigesta el Faisán

jueves 14 de julio de 2011, 01:42h
El procesamiento del ex director general de la Policía, del jefe superior de Policía del País Vasco, y de un inspector especializado en lucha antiterrorista por la Audiencia Nacional deja en muy mal lugar al Gobierno. Máxime, si se tiene en cuenta la gravedad de los cargos que pesan sobre la cúpula de Interior en tiempos de Rubalcaba: colaboración con banda armada, revelación de secretos y encubrimiento. Conviene recordar que los tres procesados respondían personalmente ante el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba y su “número dos” y actual sucesor, Antonio Camacho.

Por otro lado, es de reseñar la impecable instrucción llevada a cabo por el juez Pablo Ruz. El anterior titular de ese mismo juzgado, Baltasar Garzón, tuvo paralizado el caso durante tres años, sin que se sepa muy bien porqué -o quizá sí-. A diferencia de otros sumarios instruidos por su antecesor, en éste no ha habido ni filtraciones ni alharacas mediáticas; todo ha seguido los cauces procesales oportunos. Recuérdese, si no, el serial por entregas en que se convirtió el sumario del caso Gürtel, dando una nueva dimensión a la palabra “permeabilidad”-.

Este hecho coincide en el tiempo con la aparición del último comunicado de ETA, en el que se jacta del excelente resultado obtenido por Bildu y llega a afirmar que “han ganado la batalla de la ilegalización”. Todos ellos. Todos juntos, como copartícipes de un mismo proyecto. Son los mismos a los que la cúpula de Interior alertó para que no les detuvieran, incomodando así el proceso negociador ideado por José Luis Rodríguez Zapatero. El Presidente quería dar a ETA cuanto le pedía para colgarse la medalla de ser quien alcanzase la paz, pero semejante absurdo quedó sepultado bajo los cimentos de la T-4. Por fortuna, la justicia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sí hacen bien su trabajo, y gracias a ello hoy ETA está muy debilitada. Una gratitud discutíblemente atribuible al candidato Rubalcaba ni a su sucesor, Camacho ni, desde luego, a los procesados por la infamia del “Faisán”. En cualquier estado serio, un escándalo semejante se saldaría con dimisiones al más alto nivel.
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