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Abriendo camino

David Ortega Gutiérrez
martes 19 de julio de 2011, 21:04h
La vida es un constante renovarse y actuar frente al entorno que nos rodea. Como se decía de San Agustín, el hombre tiene un corazón inquieto. La inquietud nos mantiene vivos, expectantes, con cierta insatisfacción permanente que supone la gracia de la vida. La vida es viaje, camino, transito. La llegada, el puerto, la posada tienen algo de final de trayecto, de conclusión.

España, y no solo España, vive un tiempo difícil, de gran incertidumbre frente al futuro más inmediato. No se sabe bien hacia dónde vamos, pero se tiene un sensata certidumbre de que lo vivido en estos últimos años es complicado que vuelva, incluso no deseable, tal y como se produjo. La historia nos enseña las grandezas y miserias del hombre, pero sobre todo el importante margen de libertad del que dispone. Cada generación construye su tiempo, no parte de cero y por tanto lo realizado por la generación anterior le condiciona de manera importante, sin embargo, sí tiene posibilidades de cambiarlo, de corregirlo, de mejorarlo. También, cómo no, de no hacer nada, de resignarse, incluso de empeorarlo.

La sociedad del bienestar occidental que hemos conocido en estas últimas décadas está transformándose, las nuevas tecnologías, la globalización, los países emergentes, la crisis financiera tienen a Europa y a Estados Unidos desorientados. Posiblemente un estilo de vida esté desapareciendo y vayamos hacia uno nuevo que nosotros atisbaremos y nuestros hijos conocerán mejor. El respeto por el medio ambiente y por los recursos del planeta será una materia prioritaria, como la tendencia a un gobierno mundial. La Tierra se nos queda pequeña y los cerca de 7.000 millones de personas que la habitamos estamos demasiado conectados, dependemos mucho unos de otros. Compartimos el mismo aire, agua y alimentos. Conocemos los mismos hechos religiosos, la información ya fluye por las redes sociales a cualquier rincón del planeta. Estamos condenados a entendernos. Hasta que no asumamos está realidad, no avanzaremos. África no puede seguir siendo un continente olvidado, Europa y América del Norte hacen agua en su estilo de vida insostenible social y económicamente. El coloso asiático chino comienza a marcar sus pautas, India no le sigue lejos. De cada tres personas del planeta, uno es chino o indio.

Europa y Estados Unidos, si quieren seguir abriendo camino, tienen que reaccionar rápido. Deben revisar su vida pública, el funcionamiento de sus instituciones, exigir una mayor eficacia en los controles. La ética pública y la cultura cívica deben de ser las señas de identidad del nuevo tiempo hacia el que avanzamos. La picaresca y el engaño ya no caben, es el tiempo de la austeridad, del esfuerzo y de la generosidad racional. Necesitamos personas con miras a largo plazo, falta liderazgo para saber hacia dónde debemos ir, qué es lo que hay que hacer. Hay que escuchar a la sociedad, hay que empezar a tomar decisiones claras frente a la corrupción, frente al despilfarro. Es clave que en los puestos relevantes de nuestra vida pública estén personas preparadas en el más amplio sentido del término.

Estamos en un momento de la historia en el que el hombre nunca ha tenido tantos medios y tanto poder material a su servicio, esto supone que tenemos que estar a la altura de esos medios, precisamos de un desarrollo espiritual acorde con el desarrollo material, si no los desajustes y descompensaciones serán cada día más evidentes. Tenemos que acostumbrarnos a ser felices con menos, sin duda. El desarrollo material conseguido puede ser fatal en una cultura basada en el individualismo, perder la perspectiva de la presencia del otro y sobre todo de la generación venidera puede ser mortal. Es tiempo de reflexión y de acción, hay que abrir nuevos caminos, nuevamente tenemos otra cita con la historia y cada cual tiene que asumir su papel.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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