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Los dogmáticos españoles

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 25 de julio de 2011, 20:09h
Pese a lo desdibujado con que se perfilan hoy los caracteres nacionales y a la muy mala fama que acapara en los ambientes que marcan la ruta de la cultura occidental y, de modo muy singular, la española, a las veces, imponen, velis nolis, su presencia.

¿Quién puede negar así que los dogmáticos españoles son los más dogmáticos del Viejo Continente, en cuya fauna intelectual y política son también, por desgracia, abundantes los especimenes del integrismo doctrinal? Ardidos, exagerados en todo, según los estereotipos consagrados antaño en la “psicología de los pueblos”, los hispanos habrían de serlo también en tan híspido y reluctante terreno…

Y así se verifica, en efecto, a cada paso en la España del 2011. Desde el escritor en agraz a la husma de “hacerse” un nombre o abrirse un hueco en la selva selvaggia de la literatura mediática hasta el autor consagrado en el público o en la academia, no hay descripción de personas y paisajes, ni análisis de cuestiones y problemas en que no se recojan, con facilidad suma, los juicios más extremosos y radicales –cuando no, pontificales…- acerca de materias per se ambiguas u opinables. A la vista de tan recurrente espectáculo, se diría que en la rotundidad y apodicticismo de sus afirmaciones, dichas plumas procuran esconder o enmascarar la debilidad congénita de su pensamiento e ideas. Pero no siempre es así. Con frecuencia es la pulsión de dominio y avasallamiento del otro la que se expresa a través de las manifestaciones cerradas y fundamentalistas de credos y actitudes mentales. Gentes imbuidas de la infabilidad de sus creencias revelan la cerrazón granítica de sus planteamientos mediante el absolutismo verbal, mediante un lenguaje en el que no hay cabida para el matiz y la hipótesis. La patrimonialización de la verdad y consiguiente desprecio hacia su usufructuador provisional o dubitativo conducen al dogmático a desterrar de su escritura y habla cualquier conjunción adversativa y a restringir a mínimo uso las oraciones condicionales.

Como se decía más arriba, la presencia del dogmático llena todos los espacios, privados y públicos, de la vida española. Justamente en el día en que se enhebran estas líneas dos pugnaces y acreditados economistas rompen, en un periódico de difusión nacional, lanzas a favor de una alternativa al actual sistema financiero –dogmáticamente encorsetado, en su opinión, por los gurúes del Establishment- con frases del siguiente tenor: “ (…) un sociólogo electoral, se permite glosar con cuatro tonterías superficiales desde las páginas de (…) la teoría cognitiva de las metáforas –de la que, obviamente, no entiende una palabra- y a cuenta de eso, despachar sin mayor argumentación (…) a todos los economistas y científicos sociales críticos de ATTAC…”. Como se ve, el procedimiento para flexibilizar la teoría económica resulta ser fácil y expeditivo. Lástima grande que no lo sea tanto para alcanzar un punto de diálogo con el adversario y oponente, condenado sumaria y drásticamente a la mudez o al denuesto. Si ello se admitiera, el mundo sería sin duda más complicado y difícil, pero también más verdadero y humano. Hodierno, por fortuna, se rechaza lo que, desde nuestra perspectiva, semejaba ser triunfalismo

En épocas pasadas se enaltecía la sobreabundancia de dones y cualidades de los españoles en numerosas manifestaciones de la vida social. Hodierno, por fortuna, se rechaza lo que, desde nuestra perspectiva, semejaba ser triunfalismo de bisutería y patrioterismo de bajo curso. Sin embargo, el repudio de los invasivos y omnipresentes dogmáticos no alcanza, ni a gran distancia, el radio y la unanimidad de la exhibición de las glorias patrias…
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