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Un no olímpico

David Ortega Gutiérrez
martes 26 de julio de 2011, 21:19h
Madrid y España ya están embarcados en una nueva aventura olímpica. Independientemente del resultado que obtengamos el 7 de septiembre de 2013, estimo que lo más sensato y responsable era no apoyar en estos momentos tal desafío. Lo fácil, sin duda, es dejarse llevar por el entusiasmo y el reto, pero ni el Ayuntamiento de Madrid con una deuda de más de 7.000 mil millones de euros, ni España con un diferencial con el bono alemán en estos días atrás de 370 puntos -esto es, nos es más difícil y más caro colocar nuestra deuda en el mercado internacional- estamos para juegos o aventuras de desconocido resultado. Se impone la responsabilidad y sobre todo priorizar qué es lo más necesario. De entrada es bueno tener presente la opinión del que al final paga, que no es otro que el ciudadano. Su opinión en contra es clara, en la prensa el no ha logrado en el 20 minutos el 55%, ABC 65%, Marca 67% y El Mundo 76%. Pero abordemos la cuestión clave. ¿Económicamente merece la pena? En la revista Finance and Development de marzo de 2010 hay un interesante artículo del profesor Andrew Zimbalist del Smith College (Massachusetts) que precisamente hace un estudio bastante documentado sobre la materia con ese mismo título “¿Esto merece la pena?” Parte de estudios de otros especialistas de universidades americanas y europeas llegando a las siguientes interesantes conclusiones que paso a resumir.

En 1976 ocurrió un evento que convulsionó el modelo financiero de los juegos olímpicos y marcó su ritmo económico actual. Ese era el año en el que Montreal acogió los juegos de verano. A pesar de que los responsables municipales estimaron que los juegos costarían unos 124 millones de dólares, Montreal contrajo una deuda por valor de 2.800 millones de dólares (unos 10.000 millones de dólares de 2009), necesitaron tres décadas para devolver dicha deuda. Por desgracia, salvo el caso de Los Ángeles, la mayor parte de las ciudades no alcanzaron apoyo privado, teniéndose que destinar grandes cantidades de dinero público en Seúl, Barcelona, Nagano, Sydney, Atenas y Pekín. Las olimpiadas de Barcelona evidentemente fueron buenas para la ciudad y para España, nos mostramos al mundo y fueron un éxito social e internacional para nuestro país y para la propia ciudad, pero no es menos cierto que dejaron al Gobierno de España una deuda de 4.000 millones de dólares y 2.000 a la ciudad y a la Generalidad. El Comité de Organización de Nagano revelo un excedente de 28 millones de dólares, mientras que otras entidades del Gobierno nipón acabaron con una deuda de 11.000 millones de dólares. En Atenas la inversión pública superó los 10.000 millones dólares y Pekín los 40.000.

Los presupuestos iniciales nunca son suficientes para cubrir los costes reales, por mucho que nos digan lo contrario. La Caja Mágica de Madrid -un espectacular polideportivo-, por ejemplo, tenía un presupuesto de 150 millones de euros, al final costó el doble, 300 millones. El proyecto inicial de Atenas fue de 1.600 millones de dólares, acabaron costando 16.000. Los contribuyentes australianos, tras sus olimpiadas, pagaron 32 millones de dólares al año para mantener los estadios olímpicos de Sydney que apenas se utilizan. Londres estimaba que los juegos de 2012 le costarían menos de 4.000 millones, pero ahora parece que llegarán a los 19.000 (Sports Business Daily, 2009). No es extraño que la Ministra de las olimpiadas de Londres, Tessa Jowell, dijera: “Si supiéramos lo que hoy sabemos, ¿habríamos apostado por celebrar los juegos? Seguramente no” (Sports Business Daily, 2008, ctdo. London Telegraph). John Lucas, catedrático en Penn State University y especialista en la historia de los juegos olímpicos lo tiene claro, las olimpiadas actuales operan en dos niveles: números rojos para el contribuyente, y extraordinarios beneficios para contratistas y otros grupos de presión.

Termino, tengo claro que los pactos que necesita España entre el PSOE y el PP no son por los juegos, sino en temas mucho más serios e importantes en un país que está en la situación que todos sabemos. No debemos distraernos, los pactos a lograr son para limitar el gasto autonómico, para despolitizar las cajas de ahorro, para acabar con el 25% de economía sumergida, y sobre todo, lo más importante, por la educación, donde nos jugamos nuestro futuro. Esto es lo serio y lo riguroso, priorizar lo necesario, no es momento de juegos. Qué curioso, el mismo día que se anunciaba la candidatura de Madrid 2020, los rectores de las universidades públicas españolas hacían un nuevo llamamiento para advertir del peligro que suponen los recortes en educación, no solo para la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, sino para el futuro de la sociedad. ¿Realmente piensan que estamos para juegos?

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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