TRIBUNA
Irán y su oferta de colaborar
miércoles 27 de julio de 2011, 08:20h
El estado teocrático de Irán, sorpresivamente, ha ofrecido “colaborar en la investigación de los atentados terroristas en Argentina”, en la embajada de Israel y la mutual de salud AMIA, con alrededor de cien muertos inocentes. Mirada con suspicacia, justificada suspicacia, esta oferta supondría que van a ayudarnos a buscar a los asesinos de la misma manera en que el doctor Jekill colaboraría en la persecución de mister Hyde.
Con todo, hay una manera muy simple para probar la pureza de sus intenciones. Un estado lejano y con un aparato de inteligencia tan modesto como la Argentina, está en mucho menores condiciones de investigar que la todopoderosa agencia equivalente de Irán, país que pertenece a la región y sin duda alguna conoce infinitamente mejor que nosotros —mejor que nadie, tal vez- a las organizaciones terroristas y sus siniestras conexiones. Ya pasados diecisiete años, Irán ha contado con el tiempo más que suficiente como para investigar por su cuenta y entregarnos pruebas contundentes. Si no fueron ellos ¿qué mejor manera de desmentirlo que revelando la verdad?
Decía Einstein que cuando un problema le planteaba alternativas, tenía más éxito cuando se inclinaba por la más simple. Nada es simple ni con el terrorismo ni con este régimen iraní, pero algunas especulaciones parecen plausibles.
Ante todo, descartemos un acto de súbita generosidad o el producto de alguna presión internacional, ninguno de esos factores ha existido. Algunos juristas extranjeros sostienen que la investigación argentina, meritoria y bien llevada, desgraciadamente aún no cuenta con elementos probatorios definitivos, con lo que Teherán bien podría pasar de perseguido a perseguidor, con una actitud de a ver con qué elementos se me acusa. El paroxismo de tal ilusión podría llevar a que acepten la semi oferta argentina de un juicio en extraña jurisdicción, en el que los abogados iraníes podrían desarmar la endeble construcción probatoria argentina, si ese fuere el caso. Lo que nos lleva al otro extremo, el de quienes sueñan con una reedición del affaire Lockerbie, en que Kadaffi, internacionalmente acorralado luego de casi dos décadas de negativas, terminó “investigando” hasta encontrar a dos responsables menores, finalmente condenados en tribunales neutrales, y que luego de purgada la pena, fueron recibidos como héroes en Libia
Puede pensarse, todavía, en otra especulación: la de quienes, con o sin el patético histrionismo de D’Elía, abogan por una mejor relación argentina con Irán, del todo imposible mientras no se remueva el obstáculo de las serias sospechas que pesan sobre su régimen. Los que piensan así no son muchos, pero sorprendería inventariarlos por su peso político en la actualidad argentina.
Finalmente, en tiempos preelectorales debemos evitar que un tema como este repita la bastardización practicada, por ejemplo, en el de los derechos humanos: ninguna facción política, ningún oficialismo y ninguna oposición debieran esgrimir cualquier hipotético avance como una bandera de facción. Los temas de la AMIA y la embajada se encuentran donde deben estar: en el ámbito de la Justicia argentina y corresponde a ella, no a las parcialidades políticas, el dar la respuesta que corresponde a este insólito paso dado por quien, hasta ahora, sigue siendo el principal sospechoso.