La cartelera de cine de este fin de semana ha venido protagonizado por la última película de Hillary Swank, 'La víctima perfecta', donde la actriz interpreta a una doctora de un gran hospital de Nueva York, inmersa en pleno proceso de divorcio.
Junto a Pitufos y Superhéroes, la cartelera de este fin de semana trae el último trabajo de la oscarizada actriz Hillary Swank, cuyas interpretaciones suelen ser garantía de buena película. O, por lo menos, así solía ser, porque en el caso de La Víctima Perfecta ni siquiera todo el empeño de su interpretación consigue salvar un filme absolutamente previsible, que, desgraciadamente, sacrifica el suspense de la historia en aras de una estética que pretende ser elegante con planos que roban la intriga o cualquier atisbo de sorpresa.

¿Hay algo peor en el cine que un thriller absolutamente previsible? Pocas cosas, la verdad. Por eso, se entiende aún menos el resultado de la cinta dirigida por Antti Jokinen, ya que la misma parte de otras dos películas que sí consiguieron el objetivo de mantener en vilo a los espectadores amantes del género más clásico. Después de “Let me in”, la versión norteamericana de “Déjame entrar”, se podía esperar que la gran productora británica de cine de terror, Hammer Films, regresará tras 30 años de parón con un producto mucho mejor escogido y trabajado. Si, además, el reparto incluye a Hillary Swank, acompañada, aunque en un papel secundario, de toda una leyenda del cine de terror, Christopher Lee, parece complicado errar el tiro Sin embargo, La Víctima Perfecta hace agua por todos lados y ni siquiera llega a esa calificación menor de largometrajes televisivos para la sobremesa de los fines de semana.
Swank interpreta a una doctora del servicio de urgencias de un gran hospital de Nueva York, inmersa en pleno proceso de divorcio después de haber pillado infraganti a su marido con otra mujer en su propia casa. Ahora lo más urgente es encontrar una vivienda nueva para intentar seguir con su vida, pero el trabajo le deja poco tiempo para buscar otro apartamento que reúna las condiciones que tenía el que se ha visto obligada a dejar. La suerte es que la vivienda de sus sueños parece encontrarla a ella. Se trata de un apartamento recién reformado, con vistas espectaculares, una renta ridícula y, para rematarlo, un casero apuesto, amable y servicial hasta lo impensable.

Y nada más instalarse en el piso nuevo es cuando la protagonista se convierte en esa víctima perfecta, que sirve para dar título a la película, de un acosador perturbado y, por supuesto, obsesionado con la chica. Lo cierto es que desde el principio del filme no cuesta demasiado intuir quien es el tipo que la acosa y que va a hacerle la vida imposible, pero por si alguien había tenido la suerte de despistarse en la refrescante oscuridad del cine, el guionista nos lo enseña. Y lo hace mucho antes de lo que cabría esperar, de modo que, a partir de ese momento, todas las acciones de los personajes resultan claramente previsibles y si alguien aún espera un inesperado giro final que justifique los 90 minutos de metraje, seguro que va a acabar completamente defraudado.