www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Mundo Árabe: Haciendo balance

Víctor Morales Lezcano
viernes 05 de agosto de 2011, 21:54h
“Revista de Occidente” ha consagrado su habitual número doble de verano (julio-agosto 2011) a un tema de nuestro tiempo: Revuelta y Cambio en el Mundo Árabe. Como hube de colocar el telón de fondo a las diferentes contribuciones redactadas para ese número, resumo en pocas frases el nudo de la cuestión que allí expuse.

La gran revuelta árabe de principios del siglo pasado fue protagonizada por las dinastías hachemí y saudí durante, y después de, la primera guerra mundial.

Un fermento embrionario de corte proto-nacionalista y administrado por los notables de Damasco, El Cairo y Bagdad, tomó en serio las promesas británicas de un futuro mapa del Oriente musulmán integrado por reinos independientes. El anhelo siguió vivo en la recámara colectiva de no pocos árabes, a pesar de su fracaso desde 1919 en adelante.

Aquella revuelta fue “animada” por el Foreign Office y el coronel Lawrence (de Arabia) para minar del todo el achacoso imperio turco-otomano; y, de paso, para abrir la puerta al ideario sionista en el futuro Israel de 1948.

Cuando el nacionalismo árabe militante -a veces arrollador- se desplegó a toda vela en los años 50 del siglo XX, tuvo lugar la segunda gran revuelta árabe (nutrida por revoluciones anti-monárquicas y populistas que conocerían diferentes ediciones según fuese el “zaim” (¿lider?) correspondiente: un Nasser en Egipto o un Bourguiba en Túnez.

Las independencias nacionales cuajaron, pero las oscilaciones políticas de los regímenes árabes entre presidencialismos de inspiración liberal, a veces, o socialista, otras, fueron allanando el camino al “revival” islamista del último cuarto del siglo pasado. El fracaso parcial de las experiencias nacionales en el mundo árabe, fue atribuido a factores exógenos: como el intrusismo del imperio americano sediento de petróleo o/y el nefando Estado de Israel.

El “revival” islamista se fue filtrando entre los Hermanos Musulmanes, Hamás, Hezbollah y sus tardíos brotes magrebíes -Frente de Liberación Islámico en Argelia, por ejemplo-, propagándose por todo el ámbito del Islam sunní. Más que una revuelta, todo aquello fue la oleada reivindicativa de una civilización.

La tercera revuelta árabe es la que se ha desencadenado entre los meses de enero-marzo de este año. Recuérdese que los dos países precoces de la, también, llamada “primavera árabe”, fueron Túnez y Egipto. Las gentes ciudadanas en particular, se levantaron con determinación contra regímenes caducos y cleptocráticos. Fue un éxito espontáneo que nos tuvo a muchos en vilo; y para recordado siempre en el futuro.

La isla de Bahrein, la tribal Libia de Gaddafi, el remoto Yemen y la compleja República de Siria se vieron zarandeados, entre marzo-junio, por una escisión dramática y sangrienta entre el régimen de turno y las aspiraciones de la calle a conseguir más cotas de libertad y a consolidar un cambio político-social.

Al cabo de poco más de seis meses, el panorama que ofrece el desencadenamiento de la tercera revuelta árabe que ha registrado la contemporaneidad, puede resumirse como sigue:

Túnez y Egipto van camino de ensayar un proceso de legitimación democrática a través de una Constitución en estudio y unas elecciones generales que regulen el nuevo régimen que se avecina. El despegue tunecino se calcula que arranque a partir de octubre. Ciertamente, obstáculos en el camino los hay; menos en Túnez; algo, bastante más, en Egipto. Las tentaciones intervencionistas del ejército egipcio, el fortalecimiento del Islam político (Ghannouchi en Túnez; Hermanos Musulmanes en Egipto) se palpa con facilidad en ambas sociedades norteafricanas, con un probable arrastre de voto del 30%. La corta experiencia parlamentaria en Túnez y Egipto, amén del retroceso del sistema productivo que han implicado las revueltas de 2011 en ambos países, puede posponer la “normalización” del proceso de levantamiento y cambio populares que vimos triunfar en el bulevar Bourguiba y en la plaza de la Liberación hasta hace escasamente cinco meses.

El apoyo moral a la causa de los sublevados norteafricanos, la dotación financiera necesaria (el G-20 apoyará con 20 billones de dólares a las economías de Túnez y Egipto) y los propios tunecinos y egipcios -si no les falla la voluntad-, podrán conjuntamente sortear el terreno de arenas movedizas que -como la maestra Historia nos recuerda- implica todo proceso de Transición y Cambio.

Por el contrario, la guerra en Libia se prolonga, se empantana frente al pronóstico de los optimistas antropológicos de factura euro-americana, no obstante la “fetua” emitida por el Tribunal de Justicia Internacional y el recurso a otros ardides de dudosa legalidad. Las revueltas sirias -que van “in crescendo” por todo el país (Alepo, Hama)- siguen siendo reprimidas tanto por las fuerzas policiales como por un ejército al servicio incondicional de la “dinastía” Asad. Washington, Londres y París, por su parte, se conforman con sus críticas al uso de la fuerza por los gubernamentales, además de hacer alguna que otra visita simbólica para alentar la sublevación popular contra el régimen sito en Damasco. La vecindad de Siria a Israel -donde la geopolítica arroja altas temperaturas de hostilidad mutua- puede explicar que se haya empantanado la situación política en el seno de su interior. En Libia y Siria, por tanto, se juega el futuro otro presunto modelo dentro del mundo árabe: en vez de abrirse paso en ellos dos un futuro esperanzador como es el caso de Túnez y Egipto (con ciertas reservas en el país del Nilo), Libia y Siria, por el contrario, encarnan la incertidumbre que gobierna actualmente la confrontación entre rebeldes y gubernamentales en algunos escenarios árabes. Del resultado final que prevalezca en esta contienda, mucho dependerá el futuro inmediato de la tercera revuelta árabe que registran, por el momento, los anales del tiempo contemporáneo.

En cuanto a Marruecos y Argelia, lo más sensato es seguir de cerca el desarrollo de la apertura constitucional, desde arriba, que Rabat acaba de iniciar el 1 de julio; así como no lo es menos observar con atención el sigiloso marchamo de una Argelia al final, probablemente, de su era Bouteflika.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios