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Un psicólogo clínico ofrece las claves para volver a la rutina con normalidad

Cómo sobrevivir a la vuelta de las vacaciones

sábado 27 de agosto de 2011, 11:03h
¿Es real el conocido como síndrome post vacacional? ¿Tiene algo que ver ese malestar que aparece tras el descanso con la depresión? ¿Quiénes son más proclives a padecer estos síntomas? El psicólogo clínico Esteban Cañamares desmonta los mitos acerca de este síndrome y da las claves para hacer que la vuelta de las vacaciones sea lo menos traumática posible.
Todo el año esperando para las vacaciones y cuando por fin llegan pasan rapidísimo. Tras ellas, la temida vuelta al trabajo y con ella el conocido como síndrome post vacacional. Sudores, ganas de llorar, pérdida de apetito y mal humor son algunos de los síntomas más graves que azotan al que se enfrenta a la reincorporación laboral después de la vida ociosa vacacional. Un año más surgen las voces que aseveran lo fácil que resulta dejar de trabajar y lo difícil que se les hace volver a la rutina tras el descanso.

Lo cierto es que cada vez cuesta más volver al trabajo después de unas vacaciones. ¿Cómo hacer que ese transito sea más llevadero? ¿Cuántos días va a durar ese malestar? ¿Existe realmente el síndrome post vacacional? ¿Son más sensibles al síndrome las mujeres que los hombres? A estas y a otras cuestiones ha respondido a EL IMPARCIAL el psicólogo clínico Esteban Cañamares.

“Con respecto al síndrome post vacacional se ha exagerado mucho. Es una serpiente de verano a la que hemos colaborado psicólogos y periodistas”, explica Cañamares que añade que aunque es cierto que se puede producir cierta tristeza al término de las vacaciones, no es un síntoma grave, a no ser “que sea continuada o que la persona que vuelve de vacaciones sea víctima de ‘mobbing’ en su trabajo”. Dejando a un lado los casos más graves de acoso laboral, “el síndrome post vacacional responde más a una sensación de hartazgo de los jefes o de pereza a la hora de reincorporarse al trabajo”, concluye Cañamares.

Un niño corre por la arena ante un hombre que lee un libro en la playa de Ereaga en Getxo. Efe


El experto en psicología clínica explica que “aún hoy hay diferencias sensibles entre hombres y mujeres” que padecen este síndrome, “aunque cada vez son menos por la equiparación de sexos”. “En la actualidad el trabajo sigue siendo vivido con más naturalidad por el hombre, porque ha sido educado para ganar un sueldo y mantener la economía familiar”, comenta Cañamares que asegura además que “las mujeres sufren más por la sobrecarga de trabajo, porque aún son muchas las que trabajan tanto en casa como fuera de ella”.

¿Cuánto tiempo hace falta para readaptarse a la rutina? Cañamares asevera que el periodo de adecuación no debe durar más de tres o cuatro días. “Pasados esos días si continúa el malestar, debemos sospechar qué algo ocurre. Sobretodo si aparecen síntomas como ganas de llorar sin motivo aparente y pérdida de apetito, pues ambos pueden dar la voz de alarma e indicar que es el momento de ponerse en manos de un psicólogo”.

Para poder hacer que la vuelta de las vacaciones sea lo menos traumática posible, el psicólogo Cañamares recomienda seguir dos consejos básicos.

Por un lado, “es interesante hacer una lista de lo que nos aporta el trabajo de positivo”, comenta Cañamares. “Un salario, un puesto dentro de la sociedad, destrezas en las relaciones sociales, son algunas de las ventajas que ofrece el tener un puesto de trabajo”.

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Asimismo, Cañamares considera interesante que no rompamos de forma brusca con las vacaciones, es decir, “tomarnos unas mini vacaciones”. “Se trata de aprovechar los ratos libres para hacer las cosas que nos gustaba hacer mientras estábamos de vacaciones”, asevera el experto en psicología que explica que “leer el periódico en la piscina, o tomar un refresco en una terraza pueden ayudar a una vuelta a la vida laboral más placentera”. La clave está en no abandonar de pronto las vacaciones.

Otra reflexión a la que nos invita el psicólogo Cañamares es “hacer un ejercicio de empatía con ese familiar, amigo o vecino que no tiene trabajo”, es decir, “pararnos un momento a imaginar como es la vida de esa persona que no puede hacer frente a sus pagos y, seguramente se siente excluido de la sociedad”.
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