Tú a Djibouti, yo a Talavera
jueves 11 de agosto de 2011, 21:03h
Actualizado el: 05 de septiembre de 2014, 21:35h
Hace justo treinta años la periodista Mary Bralove publicaba en el ‘Wall Street Journal’ un artículo que explicaba cómo los departamentos de recursos humanos de las grandes multinacionales han tenido que ir adaptándose a la expansión de los negocios y del mercado en el extranjero. El artículo retrataba por primera vez a los/las ‘trailing spouses’ (valga la traducción de ‘cónyuges a remolque’) y aludía a las diferentes medidas e incentivos que algunas empresas otorgan para compensar el hecho de que al brillante ejecutivo contratado en el extranjero le suele acompañar su media naranja, a expensas de aparcar su propia carrera. La investigadora y profesora de economía Yvonne McNulty (James Cook University, Singapur) realizó entre los años 2000 y 2005 un estudio acerca la movilidad laboral del personal expatriado en Australia. Llegó a la conclusión matemática de que para las grandes corporaciones el coste individual por destino ronda un millón de dólares. Esta valoración tenía en cuenta una coordenada que los jefes de personal conocen perfectamente y que ya nadie silencia durante las entrevistas: los problemas familiares (la media naranja que se va amargando como un verde limón) son la causa número uno de dimisión y de bajo rendimiento en los puestos internacionales.
Ya se trate de empleados de grandes empresas, de miembros del cuerpo diplomático, de representantes o funcionarios de los organismos internacionales, de estrellas del deporte más o menos desfiscalizadas, de mandos militares o de corresponsales de medios de comunicación (de éstos ya van quedando muy poquitos, no hay mercado), el grado de satisfacción del cónyuge y, pongamos por extensión, de los hijos cuando los hay, es determinante para retenerlos con éxito. Y cuando la satisfacción de los/las acompañantes depende de que encuentren o les ayuden a encontrar un trabajo, sobra decir que corren malos tiempos. De esto da claro testimonio otro artículo del pasado 20 de junio en el ‘New York Times’, firmado por Tanya Mohn. En él analiza cómo la crisis económica generalizada, la inestabilidad del empleo y el aumento durante los últimos veinte años de las parejas con ‘doble carrera,’ hacen hoy muy difícil la contratación (y la retención a medio-largo plazo) de profesionales en el extranjero. No hay dinero para pagarlos; sus medias naranjas-limones no están ya dispuestas/dispuestos a dejar su trabajo. Sólo dan el salto los muy aventureros, los que no tienen más remedio o los pocos a quienes se les garantizan unas condiciones de adaptación ideales para el conjunto familiar. Entre lo que se suele negociar a ciertos niveles citaremos, (aparte del sueldo, las pensiones y los ‘bonus’) las gestiones de mudanza y traslado, colegio para los niños, vivienda, apoyo al cónyuge en la búsqueda de empleo, cursos de idiomas etc… Pero ¿cuántas multinacionales pueden seguir ofreciendo estas condiciones excepcionales ?. Para los ‘headhunters’, según explica el directivo de una consultoría especializada en asuntos de expatriación, la disponibilidad de gente cualificada para este tipo de puestos está en dramático descenso y, paradójicamente, nunca se han abierto más empleos a la movilidad internacional como hoy. Sin duda alguna, los candidatos de talento, solteros y sin hijos tienen aquí cierta ventaja.
¿Habrá que evolucionar hacia otros modelos sociales, laborales, matrimoniales y familiares?. Creo que sería lógico y socialmente rentable, temiendo que se avecine una importante fuga de cerebros, formar a los jóvenes desde ahora en el terreno de la movilidad profesional. Educarles en el valor de la iniciativa personal, el dominio de idiomas, la riqueza de la diversidad cultural, la internacionalización del trabajo, el auto-empleo y el espíritu emprendedor, la apertura de nuevos mercados, la creatividad en todas sus variantes, el ‘networking’, la profesionalización del trabajo voluntario. Tantas asignaturas pendientes que los ‘cónyuges a remolque’ aprendemos _casi inconscientemente, por ósmosis_ para sobrevivir. El mundo laboral y la empresa, como la escuela y la universidad, también tendrían que adaptarse y abrirse en la misma dirección. Porque es triste tener que decir ¡tú a Djibouti, que yo de Talavera no me muevo!. Y sin embargo… nos movemos.
|
Periodista
PEPA ECHANOVE es periodista y miembro de la Asociación-Red de Mujeres Españolas en Suiza.
|
|