La imagen turística de España
martes 16 de agosto de 2011, 08:00h
Los altercados esporádicos con turistas, generalmente ebrios, no son una noticia excepcional dentro de lo que se ha dado en llamar “turismo de la borrachera”. Hace años el cónsul británico en Ibiza dimitió de su cargo aduciendo el bochorno que le causaba el comportamiento vandálico de muchos de sus jóvenes compatriotas. Sí ha sorprendido, por el contrario, la oleada de disturbios en Lloret de Mar, en la Costa Brava catalana, que obligaron a la intervención de distintas unidades policiales y que se saldaron con 22 heridos, nueve de ellos Mossos d’esquadra, y una veintena de detenidos de las más diversas nacionalidades: franceses, alemanes, holandeses…
Episodios de este cariz se veían venir desde que una parte del empresariado turístico se inclinase por captar una clientela juvenil alentada por promesas de un ocio degradado. Lo ocurrido en Lloret de Mar podría extenderse a cualquier otra localidad que se decante por este modelo de negocio, que parece una versión deforme del anterior lema de las tres “eses”: “sun, sea and sex” (sol, mar y sexo), donde se sustituye la antigua España de charanga y pandereta, por la venta de la imagen de otra España aparentemente estrafalaria, caracterizada por el caos y el descontrol. No conviene que esta falsa imagen prospere. Harían bien las autoridades locales en revisar sus ordenanzas y adaptarlas para el control de lo que sucede en algunos locales de ocio, con tráfico de drogas, concursos de ropa interior y venta de alcohol a menores, bajo el manejo de los personajes habituales de este submundo. Pero es esa pequeña parte del empresariado embarcada en esta dirección la que tiene que rectificar drásticamente su rumbo, para no perjudicar a un conjunto empresarial que se ha esforzado por elevar la calidad de nuestra oferta turística y diversificarla.
Es un hecho el éxito, durante el presente año, de un sector clave cultural y económicamente como es el turístico. Según datos proporcionados por la Encuesta de Movimientos Turísticos en Frontera (FRONTUR), España había recibido hasta el mes de junio casi 25 millones de turistas extranjeros, lo que suponía un incremento del 7,5 % sobre el mismo periodo del año anterior, con previsiones al alza en toda la época estival. Estos datos se deben en una gran parte a la diversificación de las actividades, el sostenimiento de la calidad y la inclusión cada vez más amplia de servicios de educación, aprendizaje del idioma, conocimiento del patrimonio artístico y la ampliación de la actividad más allá de las zonas costeras. Del mismo modo, el sector debe ser consciente de que ha sido beneficiado por circunstancias coyunturales, relacionadas con la violencia del narcotráfico en países del Caribe o las movilizaciones en países musulmanes costeros del Mediterráneo.
Cuando esos episodios circunstanciales retornen a la normalidad, la industria turística española deberá tener en cuenta que se enfrentará a una dura y legítima competencia en lugares privilegiados por la naturaleza con un coste muy inferior al nuestro. Esta etapa de prosperidad en plena crisis, tendría que aprovecharse para seguir aumentando y afianzando los logros que inclinan a millones de viajeros a favor de nuestro país. Y también para erradicar el modelo turístico que estalló en Lloret de Mar –sin ser exclusivo de esta localidad-, dando una imagen de España que solo seduce a un turismo de baja calidad.