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Los dictadores se aferran a la solidaridad tribal

La primavera árabe agudiza la desintegración social

martes 16 de agosto de 2011, 15:15h
Uno de los efectos colaterales de la irrupción popular en el mundo árabe, que comenzó en Túnez en enero de 2011 ha sido la ruptura de la cohesión social y la aparición de las diferencias regionales, tribales y familiares.
Uno de los efectos colaterales de la irrupción popular en el mundo árabe, que comenzó en Túnez en enero de 2011 y siguió en Egipto, Marruecos, Yemen, Libia y Siria, ha sido la ruptura de la cohesión social y la aparición de las diferencias regionales, tribales y familiares. Los dictadores aún en el poder hacen frente a la primavera árabe, violentamente en el caso de Libia y Siria, apoyándose en la solidaridad de las tribus de las que provienen para mantenerse en el poder. Esta ruptura social hace más difícil el avance de la democracia y del Estado de derecho.

En la mayoría de países árabes los clanes familiares y tribales se han incautado del poder político, militar y económico. Si en Argelia es el llamado “clan de Tlemcen”, por la procedencia del presidente Abdelaziz Buteflika y de sus principales allegados de dicha localidad del oeste argelino; en Libia es la tribu ghadaffa de la que procede Muamar Gadafi la que controla los principales resortes delpoder de Trípoli; en Jordania, la monarquía hachemita se apoya en las tribus beduinas; en Siria, la tribu alauita es el sostén principal del régimen de Bachar el Assad.

Desde su llegada al poder la familia El Assad ha propulsado la tribu alauita a la que pertenecen. Hafed el Assad llegó al poder por un golpe de Estado en 1970. A su muerte en el año 2000, le sucedió su hijo Bachar el Assad. La tribu alauita, que representa menos de un 11% de lapoblación siria, controla todos los resortes del poder militar, financiero y político del país. La fidelidad de sus miembros está garantizada por la solidaridad tribal o assabiya. La cúpula militar y la de los servicios secretos estádominada por los familiares directos del presidente Assad. Los comandos de “chabihas”, matones y francotiradores que reprimen a los manifestantes, proceden en su mayoría de la tribu alauita. Por su origen chiita, esta tribu es el vínculo natural del régimen de Bachar el Assdad con el de Teherán, y sirve de intermediaria con los grupos chiitas armados presentes en la escena medio-oriental, en Líbano e Iraq principalmente.

La oposición siria que se enfrenta estos días a los carros de combate y a las unidades de élite del Ejército de Bachar el Assad, ha comprendido que debe tratar de ganar el apoyo de sectores de la tribu alauita si quiere que su revolución triunfe. El 5 de agosto, un grupo de jóvenes alauitas sirios ha hecho un llamamiento a través de Internet dirigido a romper el apoyo de la tribu alauita con el poder de Damasco. “Pedimos a nuestros hermanos que trabajan en el Ejército y en los servicios de seguridad, que cesen de ser los instrumentos entre las manos de este régimen criminal”. Un llamamiento que por el momento no ha recibido eco, pero que ya ha calado en ciertos sectores intelectuales sirios. Para la oposición, la caída del régimen de damasco es cuestión sólo de tiempo.
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