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Los parches y remiendos del Gobierno Zapatero

sábado 20 de agosto de 2011, 09:18h
El Consejo de Ministros acordaba ayer viernes una serie de medidas tendentes, según José Blanco, a ahorrar al Estado una importante cantidad de dinero. Más allá de las cifras aproximadas que dichas medidas puedan generar, llaman la atención tanto su singularidad como su dudosa efectividad. Hace menos de un año, el Gobierno subía del 7 al 8 por ciento el tipo del IVA para adquisición de vivienda nueva; ahora lo baja al 4. ¿Es que entonces la situación era muy diferente a la actual? Quizá algo menos mala sí, pues de un tiempo a esta parte´´ la economía española no ha hecho otra cosa que empeorar, pero lo cierto es que si en su momento se hubiese emprendido una reforma integral a conciencia, ahora no habría que andar parcheando.

Otro tanto sucede con el adelanto del Impuesto de Sociedades. Anticipos no equivalen a generaciones de ingresos, pese a que más de uno en el Ejecutivo -empezando por José Luis Rodríguez Zapatero- simule desconocerlo. Y con respecto a la obligatoriedad de que los facultativos prescriban en base al principio activo y no a la marca comercial para así disminuir, supuestamente, el gasto farmacéutico, más de lo mismo. Quizá una Ministra de Sanidad con algún conocimiento de su negociado -no es el caso, desde luego, de Leire Pajín- sabría que los medicamentos genéricos pueden tener hasta un 20 por ciento menos de principio activo que la marca comercial -o lo que es lo mismo, son menos efectivos-, variar en la composición de los excipientes o tener una posología o galénica diferentes a las que el médico considera adecuadas. Con esta última ocurrencia quizá se ahorre –y eso es siempre positivo- en un gasto farmacéutico desbocado, como es el caso de España, pero es harto dudoso que se mejore la calidad sanitaria de los contribuyentes. Así las cosas, es normal que los mercados sigan sin fiarse de un Gobierno que se resiste a emprender reformas -por lo demás, imprescindibles- y se dedica a poner puertas al campo con parches más cosméticos que efectivos.

No estamos, pues, para parches y remiendos. Porque el tiempo se acaba. Y los mercados –léase, nosotros mismos, cuando ahorramos algo- no van a esperar a los últimos juegos de imagen del señor Zapatero. Todo lo que no sea embridar decididamente el déficit –incluido el de las Autonomías- cerrar el saneamiento de las entidades financieras y afrontar una reforma laboral en profundidad no apaciguará las aguas ni aliviará el angustioso problema de liquidez –que no de deuda- de la economía española.
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