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ROUCO VARELA, TRAS LAS SANDALIAS DEL PESCADOR

lunes 22 de agosto de 2011, 12:04h
La pasada semana, Luis María Anson publicó en el diario El Mundo el artículo que reproducimos a continuación.

“Es un cura que apostó por la Iglesia de los pobres. Es un cura que está siempre al lado de los oprimidos, cabe los desfavorecidos, junto a los que padecen en las tierras duras del hambre. Es un cura que, en el Equipo de Investigación Sociológica, escribió para Cáritas sobre la pobreza. Es un cura que se identifica con el misionero católico, con la monja abnegada y silente, con los religiosos que atienden las leproserías de todo el mundo, los hospitales contra el sida, los asilos, los centros infecciosos, las favelas brasileñas, los pueblos de la úlcera en África, en Asia, en Iberoamérica. Es un cura que bebe solo en el manantial evangélico, en la buena nueva del amor y la caridad.

Es un cura, el cardenal Rouco Varela, que estudió teología en la Universidad de Munich y en la Pontificia de Salamanca. Es un cura que se doctoró en Derecho Canónico con una profunda tesis excepcional, Iglesia y Estado en la España del siglo XVI. Es un cura que conoce a fondo a San Juan y a Fray Luis. Es un cura, rara avis, que ha leído las encíclicas pontificias, las sociales y las políticas, desde la Mirari vos hasta la Sollicitudo rei sociales y la Caritas in veritate. Es un cura que fue catedrático de Derecho Canónico en la Universidad de Salamanca y miembro del Círculo Ecúmenico de Canonistas de Heildeberg. En un cura, que nombrado arzobispo de Santiago, luego de Madrid, más tarde cardenal, nunca dejó de ser cura, un hombre de Dios entregado a la oración, a la meditación, a sus feligreses.

El cardenal Rouco Varela es un cura al que los mejores teólogos españoles actuales, José Bullón, Gerardo del Pozo, Pedro Rodríguez, Cándido Pozo, Alfonso Carrasco, con su glosa sagaz de Johann Adam Möhler; Javier Prades, Javier Herrada, Pablo Domínguez Prieto y su análisis de Wittgestein a través de la lógica del lenguaje que comparte Chomsky; Julio Manzanares, Pablo Corral y tantos otros, en fin, le dedicaron un libro de homenaje, In Communione Ecclesiae, que demuestra las altas cimas escaladas por el pensamiento del cardenal.

Es un cura Rouco Varela, cuya obra está sintetizada en el libro de Martínez Puche y González Romero, Cardenal Rouco: cinco años de magisterio en la Iglesia de Madrid, con prólogo del cardenal Carles. Es un cura que ha publicado setenta libros, ensayos y opúsulos, que tiene una escritura sencilla y transparente. Es un cura que defiende lo que piensa con las cuentas del rosario, que convierte las lanzas en cañas, que juega a lo divino, que en su homilía de la misa gigante del martes en Cibeles lo dijo todo sin herir a nadie.

Es un cura Rouco Varela del que José Luis Martín Descalzo, aquel compañero mío inolvidado, que olfateaba como un sabueso el agua bendita y que abatió la paloma del Espíritu Santo para extraer información, decía hace ya tantos años que era la gran esperanza de la Iglesia española y nuestro único prelado papable.

Estamos sí ante un cura, un verdadero cura, pastor de almas, sanador de las heridas del espíritu, la prudencia inalterada, la moderación permanente, la humilde sabiduría como la música callada, la soledad sonora, el artífice final de estas jornadas de la juventud que han encendido a Madrid de fe y esperanza. Tras las huellas de Benedicto XVI, tras las sandalias del pescador, el cardenal Rouco Varela ha mostrado una vez más a los jóvenes de todo el mundo, el camino del Cristo otra vez crucificado de Nikos Kazantzakis, el camino del Cristo de nuevo resucitado, el camino del amor, que es la verdad y la vida”.
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