Gadafi juega sus últimas cartas
Primeros pasos hacia un régimen de Protectorado en Libia
martes 23 de agosto de 2011, 14:11h
París, Londres, Roma y Washington coinciden en la necesidad de mantener un Protectorado en Libia “hasta que las fuerzas políticas internas sean capaces de garantizar la transición hacia un régimen democrático”.
Mientras las fuerzas rebeldes combaten casa por casa en Trípoli y ponen cerco al cuartel general de Bab El Azizia, donde Gadafi tiene su búnker subterráneo, los países de la coalición occidental que han lanzado la guerra en Libia hace seis meses discuten los planes de la reconstrucción del país. París, Londres, Roma y Washington coinciden en la necesidad de mantener un Protectorado en Libia “hasta que las fuerzas políticas internas sean capaces de garantizar la transición hacia un régimen democrático”.
El presidente francés Nicolás Sarkozy ha convocado para la semana próxima una reunión en París del “grupo de contacto” sobre Libia para exponer su hoja de ruta sobre el post-Gadafi. El jefe de Estado galo se juega mucho en la apuesta: garantizar los intereses franceses en la reconstrucción de Libia y redorar su imagen cara a las Elecciones presidenciales del año próximo.
Sin embargo otros países de la coalición ven “excesivo” el protagonismo francés, y quieren que haya más equilibrio de intereses. Estados Unidos ha anunciado que “altos diplomáticos del grupo de contacto se reunirán el jueves en Estambul” para abordar la crisis Libia. A Washington le preocupan menos los intereses petroleros que los estratégicos. La Sexta Flota que navega en el Mediterráneo mantiene sus esperanzas de recuperar la utilización de la base aérea de Wheelus, que estuvo bajo mando americano desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta 1970.
Sin haber enterrado aún el cadáver del régimen de Gadafi, los aliados buscan un acuerdo para el periodo posterior al derrumbe definitivo del sistema. Una de las primeras tareas del Protectorado occidental en Libia, que se pondrá en marcha hasta que se organicen Elecciones libres y democráticas y se sienten las bases de un Estado de derecho, será la de garantizarla seguridad en la capital. El Estado Mayor de la OTAN ya lo ha dejado claro: su misión continuara mientras haya que proteger a la población civil, en este caso de la capital, contra posibles venganzas de ambos bandos. El propio presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafá Abdeljalil ha amenazado con dimitir si se producen “ejecuciones extrajudiciales”.
En el campo de los rebeldes el camino aun es largo hasta conseguir una unión de las diferentes facciones. En el seno del CNT coexisten mal que viene fuerzas islamistas, comunistas, naseristas, monárquicas y liberales. Aunque su composición aun es desconocida, el asesinato del general Abdel Fatah Yunes, comandante militar del CNT, ha dejado claro que las luchas internas están lejos de haberse resuelto.
Pero además de la coalición del CNT, otras fuerzas han irrumpido en la escena libia. Grupos tribales hasta ahora no integrados en el CNT, como los Zintan del oeste, han jugado un papel clave en el asalto militar a la capital, y querrán tener su protagonismo en las futuras alianzas políticas. Además en cada una de las ciudades en las que se han producido enfrentamientos armados entre las fuerzas insurgentes y los leales a Gadafi, han surgido verdaderos “señores de la guerra”, comandantes militares que tienen sus propias unidades, que disponen de armamento y material, y que no dejaran que los “políticos” del Consejo de transición les dicten lo que tienen que hacer. Como se ve una “hoja de ruta” que aún debe franquear etapas de búsqueda de objetivos comunes y de alianzas de fuerzas centrifugas, cada una con sus propias ambiciones.
Tampoco hay que minimizar el papel que van a jugar los “desertores de última hora”, las unidades militares que se van a pasar a la rebelión, los jefes militares que cambiarán de banco a último momento y que querrán mantener protagonismo. Lo mismo que los exiliados que volverán al país y que pretenderán jugar un papel político no subordinado a ningún organismo de los existentes.
El Consejo Nacional de Transición creado el 27 de febrero y reconocido por una treintena de países, por la Liga Árabe y en los últimos días por los dos vecinos de Libia, Túnez y Egipto, deberá dar muestras de flexibilidad para integrar al resto de fuerzas armadas. En caso contrario, Libia podría conocer una situación a la iraquí con enfrentamientos armados internos, durante mucho tiempo.
El 3 de agosto pasado, el CNT adoptó una declaración constitucional en la que se comprometía a formar un “Gobierno transitorio” en los treinta días posteriores a la caída del régimen de Gadafi. Su misión sería preparar las estructuras necesarias para organizar Elecciones democráticas en el país. Su Presidente, Mustafá Abdeljalil, que fue ministro de Justicia con Gadafi, goza del apoyo occidental, y podría ser el punto de convergencia de las diferentes facciones, a pesar de no tener mucha popularidad por su pasado gadafista.
En estas condiciones la necesidad de un “periodo transitorio” con la implantación abierta o discreta de un Protectorado, parece irremplazable. Máxime cuando desde algunas capitales europeas se agita el posible “peligro islamista” de la Libia post-Gadafi. El peso real en la política y en la sociedad de los islamistas es desconocido. Hermanos Musulmanes, salafistas, cofradías religiosas como la de los Senussi, aún no han hecho su irrupción en escena. Pero podrían sorprender por su arraigo y capacidad de arrastre.