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Crónica económica

Los efectos de la estabilidad presupuestaria

domingo 28 de agosto de 2011, 19:54h
¿Cuáles serán los efectos de una ley que logre una estabilidad a corto, medio y largo plazo? ¿Qué nos estamos jugando con un cambio en la Constitución de este estilo? Puede que más de lo que podamos pensar en un principio.

Ya sabemos cuáles son las líneas maestras de la propuesta de cambio: No hace mención de ninguna cifra, y ésta se desarrollará por Ley Orgánica. Se ha fijado inicialmente en el 0,4 por ciento, un 0,26 por ciento para el Estado y un 0,14 para las Comunidades Autónomas. Los Ayuntamientos tendrán que tener déficit cero. Pero cuidado, porque esto sólo hace referencia al déficit estructural, es decir, cuando se alcance el pleno empleo; una situación desconocida en la historia democrática de España (no en épocas anteriores). Es decir, que el criterio elegido es papel mojado y no hay límite efectivo para el déficit. Es más, permite un déficit con pleno empleo, una situación en la que lo más razonable es pensar que la economía marcha bien y que el Estado se puede permitir un superávit. Además, como el límite del 0,4 por ciento se puede cambiar como cualquier ley orgánica, el resultado es que se ha cambiado todo para que no cambie nada.

Pero ¿cuáles serían los efectos previsibles de una ley que limitase efectivamente el déficit, aunque fuera permitiendo cierto déficit en los años malos a cambio de que se compensase con superávit en los buenos? Nos guiamos por las consideraciones que hace al respecto Natixis. En una economía sin déficit permanente “el sector privado disfrutaría de crédito más abundante y barato”. Ciertos países tendrían que elegir entre varias opciones de gasto, para descartar algunas de ellas. Otros seguirían el camino habitual de aumentar el gasto en casi todas las partidas. Éstos “tendrían que incrementar su carga fiscal y se verán afectados negativamente y durante mucho tiempo”. Por otro lado, “una parte del gasto se trasladaría del sector público al sector privado”, y cita los casos probables de las infraestructuras, la sanidad e incluso las pensiones. A esto renunciamos con esta oportunidad perdida para introducir una “regla de oro” del déficit.

En otro orden de cosas, recordemos que un escalofrío nos recorrió el cuerpo al ver qué tipo de persona estaba al cargo del FMI, con DSK. Con Christine Lagarde lo que sufrimos es un tsunami de terror. Echa en falta no ser una gobernadora de un banco central porque estaría inundando el mundo entero de liquidez. No ha utilizado estas palabras pero ese ha sido el sentido de las mismas en la convención de Jackson Hole, un sitio especialmente bien elegido porque a un agujero (hole) es a donde nos llevan el FMI y los bancos centrales.

Su visión del futuro es muy oscura. Dice que nos encaminamos a una recesión y que esa perspectiva debe llevar a los bancos, especialmente a los europeos, a recapitalizarse a toda prisa. De hecho, según el londinense The Times, la UE está trabajando en un plan extremo para salvar al sistema financiero europeo del colapso. Parece un poco exagerado, pero quizás sólo lo parezca. El plan incluye ofrecer ciertas garantías comunitarias para la emisión de determinados créditos concedidos por la banca central. Un plan más y menos ambicioso que el que llevó a Irlanda a la ruina. Menos porque no es con toda la deuda bancaria, sino con una parte. Y más, porque es para toda Europa.

Por lo que se refiere a la perspectiva de crecimiento global, tenemos un nuevo análisis en la mano, el del banco Danske. Considera que “el crecimiento global sufrirá un golpe añadido por el reciente shock financiero. En consecuencia, el rebote esperado en el tercer trimestre es difícil que de materialice y hemos reducido nuestra previsión de crecimiento de forma significativa, especialmente para los EEUU y Europa”. “No obstante”, continúa, “no esperamos una nueva recesión”. Aunque advierte: “La máquina del empleo no ha arrancado y nos enfrentamos con un ajuste fiscal en las economías avanzadas en los años venideros”. Es más, “Occidente está atrapado con bajos ritmos de crecimiento en los próximos años y es probable que luche con altos niveles de desempleo durante un largo período”. Ahora bien, y esto es importante tenerlo en cuenta, “a pesar del bajo crecimiento de occidente, la economía mundial previsiblemente crecerá más de un 4 por ciento al año, dado que los mercados emergentes experimentarán un crecimiento sensiblemente superior al 6 por ciento”.
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