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Esperanza Aguirre y la educación en la Comunidad madrileña

domingo 04 de septiembre de 2011, 02:21h
Es muy cierto que, en cierta medida, algunos de los argumentos esgrimidos por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, al presentar su medida de que los profesores de Enseñanza Secundaria amplíen su carga lectiva de dieciocho a veinte horas semanales fueron poco afortunados. Del mismo modo que quizá la comparación señalando que la mayoría de los madrileños trabaja más de veinte horas y que por eso entenderían perfectamente la medida tampoco fuera la más adecuada. La propia señora Aguirre se ha dado cuenta rápidamente de ello y ha rectificado, reconociendo que el trabajo de los docentes no se limita al tiempo efectivo en el que imparten sus clases en las aulas, sino que incluye numerosas horas dedicadas a tutorías, claustros, tareas administrativas, preparación de clases, corrección de exámenes, etc, con lo que los profesores trabajan treinta y siete horas y media a la semana. Pero de ahí a querer imputar a la presidenta del Ejecutivo madrileño, incluso con descalificaciones personales, que no le interesa la educación y que desea restar mérito a la labor de los profesores o enfrentarlos al resto de los ciudadanos presentándoles como poseedores de privilegios media un abismo.

Un abismo en el que se pretende poner en el centro unas declaraciones, además rápidamente rectificadas, en detrimento de la realidad. Y no ya solo la realidad de que nos encontramos en una crisis económica enormemente grave, de la que solo con esfuerzos de todos se conseguirá remontar. Y de que la legislación educativa establece la carga lectiva entre dieciocho y veintiuna horas semanales. El que hasta ahora lo habitual haya sido dieciocho horas no significa que no pueda modificarse, máxime en una situación como la actual.

Y la realidad es, sobre todo, que desde que Esperanza Aguirre fue elegida por mayoría absoluta para presidir la Comunidad de Madrid, la preocupación por la educación y el reconocimiento del insustituible papel que desempeñan los profesores ha sido una constante en sus prioridades. Nada más lejos, pues, de su ánimo que desprestigiar o minusvalorar a los docentes o considerar la enseñanza como una cuestión menor. Precisamente fue Esperanza Aguirre quien presentó una propuesta de ley para investir a los profesores madrileños como “autoridad pública”, y quien puso en marcha iniciativas pioneras, modelo a seguir en otras Comunidades. Sirva como muestra, la decidida apuesta por las nuevas tecnologías en las aulas, la implantación del Bachillerato de Excelencia -¿puede haber verdadero progreso y competitividad con los países de nuestro entorno sin esa búsqueda de la excelencia?-, o el Programa Bilingüe, que en el curso escolar que ahora comienza se incrementa, extendiéndose a treinta y cuatro nuevos colegios públicos y treinta y dos institutos de la región.

El movimiento se demuestra andando y los resultados académicos de la Comunidad de Madrid tienen mucho camino de mejora pero están claramente entre los mejores de España. En este sentido, la señora Aguirre tendrá que modelar algunas de sus presentaciones y quizá afinar ciertas nociones pero, en general, es una persona convencida del papel central de la educación y de investigación y lo ha demostrado con hechos.
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