Bajo Manhattan recupera el pulso en el décimo aniversario del 11-S
La Torre de la Libertad ayuda a Nueva York a superar su día más triste
jueves 08 de septiembre de 2011, 13:32h
A las 08:00 horas del 11 de septiembre de 2001, hora en Nueva York, el vuelo 11 de American Airlines, con 92 personas a bordo, despegó del Aeropuerto Internacional Logan de Boston hacia Los Ángeles. A las 08.46, el avión, un Boeing 767, impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, al sur de Manhattan. Sólo era el comienzo de una pesadilla para Estados Unidos y en especial para la ciudad de Nueva York. Una enorme cicatriz es aún hoy visible en el distrito financiero de Manhattan, donde, diez años después, se eleva un aún inconcluso majestuoso edificio y un complejo arquitectónico que no obvia el por ellos conocido como 9/11 ni a sus 2.752 víctimas.
Coronará el skyline de la ciudad de los rascacielos. La Torre de la Libertad, la más alta de la Gran Manzana y la segunda del mundo cuando concluyan las obras, en 2015, crece al ritmo de una planta por semana. Años llevó limpiar los restos de la tragedia, el desescombro, y no menos la burocracia. Y la superstición. Costó financiar la construcción de un edificio que sustituía a dos gigantes derribados, en un lugar marcado por el dolor y denostado en un principio por empresas candidatas a ocupar las nuevas oficinas. Pero la sensación no sólo la albergaban los ejecutivos. Al caer la noche en Nueva York, Bajo Manhattan quedaba vacío. Horrorizaban las enormes estructuras fundidas y hundidas, las grúas y los centenares de cadáveres entre todo ello.
Una década más tarde, los neoyorkinos han perdido el miedo y ha vuelto el bullicio al epicentro financiero. "El renacimiento del Bajo Manhattan será nuestro mayor monumento a todas las personas que perdimos el 11-S", declaró recientemente el alcalde, Michael Bloomberg. La muerte de Osama Bin Laden contribuyó a este fin, pero sobre todo ver el crecimiento vertical del área, el aspecto de la Freedom Tower u One World Trade Center, cuyo diseño incluye particularidades que enlazan la estructura con las dos anteriores habitantes y con la historia de la nación. Sus 541 metros serán 1.776 pies, cifra que coincide con el año de independencia de los Estados Unidos. Además, la azotea del edificio estará situada a 417 metros, altura de las Torres Gemelas. A sus pies, dos piscinas semi-subterráneas ubicadas en el lugar exacto donde se erguían, con el mismo perímetro de las torres Norte y Sur. Llevarán en sus paredes los nombres completos en bronce de las víctimas mortales. Bajo ellas, el 9/11 Memorial & Museum. Otros tres rascacielos terminarán de borrar la enorme cicatriz dejada por los terroristas.
El 1 de marzo de 2008, fue bautizado el barco USS New York, destinado a combatir el terrorismo. Se construyó con 7,5 toneladas de acero de las gemelas y en su cubierta lleva el lema 'Never forget'. El buque arriba a Manhattan con motivo de la efeméride como emblema de la lucha por no perder el recuerdo de los fallecidos y para recordar el objetivo prioritario de evitar nuevos 11-S. Trabajadores, visitantes, policías, bomberos y hasta perros serán homenajeados en una jornada que aún estremece a una ciudad golpeada, que contempló aquella mañana de septiembre cómo unos aviones silenciaban unas calles para pasar a un primer plano el llanto desesperado e impotente y las sirenas. Todo era incertidumbre. Este 11 de septiembre, las miradas se dirigen a la Freedom Tower, que ha alcanzado ya el piso 81, con fachada de cristal hasta el 56. En cinco años, concluido el complejo de edificios que conformarán el nuevo World Trade Center, todo volverá a comenzar.
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